El efecto de la derechización de Brasil. Editorial del martes 30 de octubre

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El triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro, en las elecciones celebradas en Brasil, no equivale a un suceso remoto y aislado en la geografía latinoamericana. Marca el claro ascenso de fuerzas retrógradas que retoman escenarios políticos en países sumidos en crisis o divididos por la desigualdad, como ocurre en Panamá.

El fraccionamiento de organizaciones sociales y la notoria falta de un programa unitario es un caldo de cultivo para que grupos neo fascistas que apelan al orden y la disciplina ‒desde la perspectiva de la fuerza y el aplastamiento de históricas reivindicaciones‒, intenten replicar el manual de las corrientes ultraderechistas.

La osadía de la ultraderecha en un país grande como Brasil, no es un hecho coyuntural. En realidad, representa una apuesta audaz para desestabilizar y disgregar a los países latinoamericanos que no ceden a la presión de los conservadores partidos políticos y se afianzan en un modelo cooperativo, independiente y soberano.

Cada vez que surge la posibilidad del ascenso al poder de fuerzas democráticas transformadoras en el contexto regional, aparecen grupos entrenados y financiados por ideólogos de la derecha que siembran dudas en el electorado y desconcierto entre los sectores populares, y provocan divisiones indeseables en los mandos.

Esa forma de manipulación de los ciudadanos no es nueva, pero ahora es más sutil y se apoya en la masificación de imágenes, el sabotaje y el manejo estratégico de datos para conspirar, anular al contrario y poner en manos de gente pobre los estandartes del capital financiero, que no le pertenecen y jamás le pertenecerán.

Es lamentable que la intelectualidad panameña no haya previsto o dimensionado el impacto de los resultados en las urnas en Brasil, y permanezca confiada e inmutable, cuando debería generar en forma inmediata un debate sobre lo sucedido y los riegos que ello implica para procesos democráticos en el ámbito hemisférico.

Las fuerzas retrógradas intentan convencer a los latinoamericanos de que, ante el estallido de escándalos de corrupción, la fallida gestión pública y la pobreza, la única opción aceptable es la derechización del Estado, lo que involucra ceder la soberanía, la represión militar y una mesa servida para firmas expoliadoras.

En el umbral de los comicios generales de 2019, los sectores progresistas panameños no deben permitir que la ponzoña de la derecha recalcitrante se encone e imponga una infame agenda política a la población desinformada, sustraída del análisis serio y sumergida en la práctica de un salvaje clientelismo partidista.

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