El calor los deja patas para arriba a todos

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Novak Djokovic con muestras de agobio durante su partido.
  • La temperatura es un gran problema en Nueva York.

Por Ariel Greco
Desde Nueva York

El agobiante calor del martes puso patas para arriba al Abierto de tenis de Estados Unidos: abandonos, atenciones médicas, toallas heladas, quejas y la aplicación de una regla de calor extrema inédita para los varones se conjugaron en un día de locos en el que nadie se quedó callado.

“En días como estos, se trata un poco de supervivencia”, sintetizó la alemana Angelique Kerber, campeona en Nueva York en 2016. “Jugar en estas condiciones es algo brutal”, añadió el serbio Novak Djokovic, que recibió la atención de un cardiólogo durante su partido ante el húngaro Marton Fucsovics, en el que sólo evitó la derrota porque su rival estaba casi tan agotado como él.

El agobiante calor del martes puso patas para arriba al Abierto de tenis de Estados Unidos: abandonos, atenciones médicas, toallas heladas, quejas y la aplicación de una regla de calor extrema inédita para los varones se conjugaron en un día de locos en el que nadie se quedó callado.

“En días como estos, se trata un poco de supervivencia”, sintetizó la alemana Angelique Kerber, campeona en Nueva York en 2016. “Jugar en estas condiciones es algo brutal”, añadió el serbio Novak Djokovic, que recibió la atención de un cardiólogo durante su partido ante el húngaro Marton Fucsovics, en el que sólo evitó la derrota porque su rival estaba casi tan agotado como él.

Más duro aún fue el argentino Leonardo Mayer, que se vio obligado a abandonar por un golpe de calor durante su duelo ante el serbio Laslo Djere. “Hay que parar esto. Hasta que no se muera alguien no van a parar”, disparó el “Yacaré”, que consideró que era “imposible” jugar bajo los más de 35 grados y la altísima humedad que había sobre el cemento del Corona Park.

Tan extremas eran las condiciones, que los organizadores emitieron un comunicado en medio de la jornada para permitir que los jugadores tomaran una pausa de diez minutos entre el tercer y cuarto set. “Con diez minutos no alcanza, para recuperarme yo necesitaba una hora y media al menos”, bromeó Mayer.

El español Pablo Carreño explicó que se enteró de la medida poco antes de salir a jugar su partido ante el tunecino Malek Jaziri. “Estaba con (Diego) Schwartzman y hablábamos con los fisioterapeutas sobre si existía alguna norma por el calor, pero nos han dicho que sólo en el circuito femenino”, contó Carreño. “Al poco tiempo, han venido a informarnos de que la regla de calor se había instaurado”. Precisamente, Schwartzman fue uno de los más enojados, pese a que ganó su partido ante su compatriota Federico Delbonis.

“Me tocó ganar, pero no entiendo por qué tenemos que jugar bajo estas condiciones”, se quejó Schwartzman. “No sé por qué la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) y la ITF (Federación Internacional de Tenis) no ponen las cosas claras. ¿Por qué en Australia hay regla de calor y acá no? No lo entiendo”, insistió el “Peque”.

Para el número 13 del mundo, las 17 canchas del Corona Park serían suficientes para retrasar la jornada y que los jugadores no quedaran tan expuesto al sol abrasivo del mediodía y las primeras horas de la tarde. “Es muy peligroso para nosotros, para la gente que está mirando y no ayuda jugar así. Se podría esperar hasta el atardecer. Hay canchas de sobra acá”, sugirió Schwartzman.

Mitigar el efecto del calor resultó toda una odisea para los jugadores. Por ejemplo, en cada cambio de lado, Djokovic se enfundaba toallas heladas por el cuello, los brazos y las piernas, como si se trataran las vendas de una momia.

La danesa Caroline Wozniacki, que abrió la jornada en la pista Arthur Ashe, apeló a un recurso más natural. “Normalmente, con la sombra, no me siento tan cómoda, pero hoy fue realmente útil para poder enfriar un poco. Definitivamente, estaba mucho más fresco en el lado con sombra, así que eso ayudó”, dijo la número dos del mundo, que le ganó en dos sets a la australiana Samantha Stosur. “En nuestra pista no había ni un poco de sombra”, se lamentó el español Carreño. “Cuando iba a coger la toalla había un cuadradito y trataba de refrescarme allí”.

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