De rodillas nunca. Editorial del martes 29 de enero

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La falta de un sentido latinoamericanista identifica a la adocenada política exterior panameña, que no ha sabido distinguir entre los históricos esfuerzos de avenimiento que ha abrazado Panamá a lo largo de su historia republicana y la práctica del sometimiento a fuerzas bélicas externas que promueven el bloqueo económico, el cerco y la amenaza bélica contra las naciones hermanas.

Una sospechosa gira del presidente Juan Carlos Varela a la sede del Comando Sur en Estados Unidos, previo a la esperanzadora visita del Papa Francisco a Panamá, generó serias sospechas sobre el alineamiento de este país a un siniestro proyecto intervencionista de Washington contra Nicaragua y Venezuela, en medio de una escalada en el ámbito hemisférico contra Latinoamérica.

Lo fondado temores de los analistas se materializaron a través de la decisión del gobierno varelista de aprobar una resolución del servil Grupo de Lima, que reconoce como presidente interino de Venezuela al diputado opositor Juan Guaidó. Esa insólita decisión, violatoria de la constitución bolivariana, anula la vía del diálogo político y la concertación hemisférica en asuntos cruciales.

El chantaje de Washington sobre la débil administración oficial panameña ha servido para dividir y apuntar los intereses de las fuerzas más retrógradas de Estados Unidos, que también atrajeron a su redil a la Unión Europea (UE) para concretar una peligrosa ofensiva regional. Una actitud más coherente fue adoptada por México, al tomar distancia del desprestigiado Grupo de Lima.

En vez de ajustarse a los principios del derecho internacional, Panamá despreció el mandato de los mártires de enero de 1964 al asumir como propio el libreto de la amenaza contra pueblos del mundo. Sin embargo, lo más grave esa decisión es haber actuado de espaldas al Tratado de Neutralidad Permanente del Canal, que rige sobre la vía interoceánica y su seguridad.

Es evidente que urge devolver a la instancia rectora de la política exterior panameña el patriotismo de generaciones precedentes, del que carece la jefatura de un gobierno rodeado de escándalos de corrupción y desaciertos en el manejo de la relaciones bilaterales y multilaterales. La actitud de sometimiento no tiene cabida en un Estado aferrado al derecho a la autodeterminación.

Los movimientos sociales están obligados a rechazar la oferta de doblegarse ante los intereses foráneos. En cambio, deben repudiar la aparente relación inocente con grupos golpistas empeñados en trastocar el proyecto de integración latinoamericana. Panamá no debe ceder ni una pulgada de su suelo para la instalación de los enclaves de agresión contra los países soberanos.

1 COMENTARIO

  1. Saludos de paz y bendiciones desde Jalisco, México. Estoy de acuerdo en que Panamá no debe ceder ni una pulgada de su suelo para instalar enclaves de agresión hacia naciones hermanas como la República Bolivariana de Venezuela. Felicito a los gobiernos de México y República Oriental del Uruguay, por insistir en el Valor del Diálogo y la Promoción de la Paz. ¡No al injerencismo Imperialista en Nuestra América!, ¡Amistad y Unidad de Todos los Pueblos del Mundo, por la Paz con Justicia Social!, Atentamente, Fernando Acosta Riveros

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