Cuestión de actitud

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Coimas pagadas por Odebrecht.

Por Gerardo Berroa Loo
Periodista

La corrupción es un problema generalizado que está ganando terreno en cualquier institución y en toda la sociedad. Pero la corrupción es un asunto de todos y para reducirla al mínimo es cuestión de actitud.

Y es que la corrupción no es sólo la triquiñuela del funcionario para favorecer con un contrato al empresario amigo. No es sólo el sobreprecio para robar al Estado; no es sólo la compra de más productos para ayudar al familiar.

La corrupción también es pequeñas cosas o acciones que hacen a cualquiera obtener ventaja sobre los demás.

La corrupción es la actitud del “juega vivo” del que se pasa la luz roja o de un semáforo en la calle o del que chantajea al policía de tránsito. Corrupción es el que vende exámenes en un colegio o una universidad, el que le hace la tesis al graduando. Corrupción es el que se copia en los ejercicios, el que le hace la tarea al hijo…

Corrupción son las pequeñas cosas o acciones que van acostumbrando al individuo a aceptar lo malo como bueno. El que no le paga seguro social a la empleada.

Corrupción es el que cobra por las ocho horas de trabajo, pero a diario llega minutos tarde o sale minutos antes. Corrupción es el que pone telarañas para robar electricidad. Corrupción es que trampea los medidores de energía eléctrica.

Corrupción es todo lo que corrompe la rectitud de las personas. Para lograr minimizar la corrupción, hay que cambiar de actitud. Hay que desprenderse de todas esas conductas que todos saben que no son correctas, pero las siguen practicando. Es a través del cambio de actitud que la corrupción empieza a decrecer. Es así de simple.

(Esta nota editorial fue escrita originalmente para el diario La Estrella de Panamá).

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