Clara Zetkin sigue iluminando senderos de equidad

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Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo.

Por magíster Irma Tuñón Berrocal
Investigadora

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer. Lo que pocos saben, es que la promotora de esa iniciativa fue una revolucionaria alemana que vivió de 1857 a 1933, es decir, en dos siglos consecutivos.

Zetkin fue periodista, maestra, oradora, revolucionaria, fundadora de la Segunda Internacional Socialista, y batalló por los derechos laborales e igual salario de las trabajadoras, el derecho al voto, y la organización de las obreras en los centros productivos.

Aquella formidable activista promovió la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Además, fue gran amiga de otra extraordinaria dirigente política: Rosa Luxemburgo, una teórica marxista de origen polaco-judío, quien el día de su muere escribió sobre la inevitabilidad de la revolución.

En agosto de 1907, Zetkin lideró la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Stuttgard, Alemania, con la participación de delegadas de 15 países inscritos.

Entonces, escribió que la Conferencia fue el “primer paso para establecer un contacto entre las mujeres socialistas de los diferentes países”. En ese debate, Zetkin y la Rusa Alexandra Kollantai abogaron por la defensa irrestricta del sufragio femenino y el derecho político que les corresponde.

Clara Zetkin empezó a militar en el Partido Socialista Obrero de Alemania, a los 20 años de edad, en una época en que las mujeres tenían prohibido participar en política. Como guerrera, la valiente e infatigable activista batalló por los derechos de las mujeres.

Durante todo ese recorrido en el movimiento social, no fue hasta 1975, en la Conferencia Internacional de la Mujer de México, que Naciones Unidas declaró el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. Varios siglos de lucha del movimiento feminista han permitido que las mujeres tengan cada vez más acceso a la educación, la propiedad, la tierra, el trabajo remunerado, la seguridad social, la participación política, el voto y los beneficios de salud. Pero, las batallas aún no están ganadas…

La historia de las mujeres en América Latina puede ser entendida como un proceso constante de extensión de sus derechos. El siglo XX fue marcado por escuerzos y avances ciudadanos, como la aprobación de la Convenció sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), el Desarrollo del Decenio para la Mujer (1975-1985) y conferencias para favorecer la acción de gobiernos a favor de la igualdad.

En 1995, las mujeres del mundo participaron en el proceso de preparación de la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer (Beijing 1995). Durante esa conferencia, los intereses de las mujeres fueron puestos en el terreno público-político, no sólo a escala nacional sino internacional.

En esa reunión de importancia histórica fueron presentadas las experiencias y propuestas que el movimiento feminista acumuló. La Plataforma de Acción de Beijing expresó una serie de compromisos políticos contraídos por los gobiernos, pero tuvo una limitación importante: su cumplimiento no es obligatorio y las acciones recomendadas para mejorar la condición de la mujer quedaron sujetas a la voluntad de los Estados.

Por lo tanto, es necesaria la decisiva acción del movimiento de mujeres para exigir que lo aprobado en los Foros Internacionales sea puesto en práctica en este país, en procura de la eliminación de las brechas salariales por las que batalló Zetkin.

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