China y la nueva era en la Olimpiada Mundial de Ajedrez

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Jugada maestra en el ajedrez. (Foto: PL).

Por Yasiel Cancio Vilar

La Habana (PL) – Cuando China ganó en ambos sexos la Olimpiada Mundial de Ajedrez de Tromso-2014, muchos pensaron que el resultado había sido obra de la casualidad. Sin embargo, hace unos días los equipos del país de la gran muralla volvieron a repetir la hazaña y subieron al trono en Batumi-2018.

Para varios especialistas está comenzando una nueva era en el mundo de los trebejos. Los jugadores del gigante asiático solidifican sus posiciones de manera acelerada y elevan su nivel por minuto. La potencia emergente ya gana títulos y margina a históricos del calibre de Rusia y Estados Unidos.

Durante la Olimpiada, la sorpresa mayúscula llegó en el sector varonil porque los chinos arrancaron en el torneo a la sombra de las poderosas escuadras de Estados Unidos y Rusia, favoritas precompetencia al título según los expertos.

Pero Din Liren, Yu Yangyi, Wei Yi, Bu Xiangzhi y Li Chao comenzaron desde temprano a tejer el manto del triunfo y no se detuvieron hasta quedar en lo más alto de la tabla de posiciones al finalizar las 11 rondas del certamen.

China totalizó 18 puntos, producto de ocho victorias, dos empates y un revés, el mismo balance que estadounidenses y rusos, pero el extremadamente polémico y complejo sistema de desempate Sonneborn-Berger benefició a los asiáticos, que se coronaron así por segunda vez en la historia.

Vale destacar que Din se llevó la medalla de oro en el primer tablero, mientras el vietnamita Nguyen Ngoc Truong Son ganó en el segundo, el peruano Jorge Cori en el tercero y el alemán Daniel Fridman en el cuarto.

Entre las damas, la victoria china era mucho más esperada. Encabezadas por la poderosa campeona mundial Ju Wenjun, las chicas de los ojos rasgados dominaron la clasificación con 18 unidades, igual cantidad que el elenco de Ucrania.

Ahí también le sonrió el sistema de desempate a las asiáticas, que alzaron el trofeo de monarcas por tercera Olimpiada consecutiva y por séptima ocasión en todos los tiempos.

Ju, ganadora de la presea de oro en el primer tablero, tuvo un protagonismo fundamental en la coronación, pues derrotó de manera dramática a la fabulosa jugadora rusa Alexandra Kosteniuk en la última partida del campeonato.

Con ese resultado, China salió airosa en el match contra Rusia y de paso escaló hasta la cima junto a las ucranianas, quienes vieron como se les escapaba la corona en el último suspiro por las reglas de desempate.

Las medallistas de oro en los restantes tableros fueron, por orden, la ucraniana Mariya Muzychuk, la azerí Khanim Balajayeva y la italiana Marina Brunello.

China y su historia en los trebejos

Los chinos, que sufrieron la prohibición del ajedrez en su país durante la Revolución Cultural (1966-1976), tuvieron su primer gran resultado en 1978, cuando Liu Wenzhe, un modesto jugador, desconocido para casi todo el mundo, derrotó al Gran Maestro (GM) holandés Jan Hein Donner en la Olimpiada de Buenos Aires.

Esa fue la primera victoria de un jugador chino sobre un GM en toda la historia del deporte.

A partir de ese momento se desató el crecimiento del ajedrez en China, al extremo que en 1986 llegaron a ocupar el séptimo escaño entre los hombres.

En 12 de las 16 Olimpiadas siguientes ocuparon una silla entre los 10 primeros países, siendo el torneo de 2006 uno de los más trascendentales, al escalar hasta el segundo lugar.

El clímax llegó en 2014, cuando alzaron el trofeo de campeones en ambos sexos, igual faena que la hilvanada ahora en 2018 para sorpresa de muchos expertos y aficionados.

Rusia, en deuda; Latinoamérica, en picada

Para los rusos, principal potencia de este deporte en el planeta Tierra, el cuarto lugar entre las damas puede calificarse de desastroso, y el tercero entre los caballeros, sin duda, los vuelve a dejar en deuda.

De hecho, los hombres de Rusia llevan ocho Olimpiadas seguidas sin conquistar el título. Antes de eso, para que se aprecie la magnitud de la sequía, los rusos habían conquistado el oro en los 12 campeonatos previos (la mitad de ellos como Unión Soviética) entre 1980 y 2002.

Los equipos de América Latina y el Caribe, entretanto, tuvieron un rendimiento mediocre. Ningún país de la región logró incluirse entre los 30 primeros en el sector masculino, mientras Perú, Cuba y Colombia apenas tuvieron faenas decorosas en el femenino, al ocupar los puestos 25, 27 y 30, respectivamente.

El punto más alto de los jugadores del área lo protagonizó el peruano Jorge Cori, medallista de oro en el tercer tablero al ligar siete triunfos y una tabla en sus ocho partidas, con éxitos de mérito sobre el chino Yi Wei y el ruso Ian Nepomniachtchi.

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