Bienvenido papa Francisco

Estimado papa Francisco: he tomado nota desde su ascenso al papado de lo que considero su humildad y honestidad ante su deseo de un mejor sentido de humanidad para todos.

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Ernesto Holder

Bienvenido papa Francisco

Ernesto A. Holder
Camunicador social
opinion@laestrella.com.pa

Estimado papa Francisco: he tomado nota desde su ascenso al papado de lo que considero su humildad y honestidad ante su deseo de un mejor sentido de humanidad para todos: los que creen o no creen en Dios. Ya la semana pasada expresé una calurosa bienvenida a los peregrinos que nos visitan en esta hermosa tierra dada la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. Les hablé a groso modo de la nobleza del panameño y de la sangre que por siglos se ha derramado en estos suelos para la construcción de un país y de una sociedad más justa.

Su agenda programada es muy apretada, pero estructurada a favor de pasar lo más que sea posible con la juventud y con los peregrinos de todas partes que han llegado y nos han contagiado de una sensación de bienestar y alegría pegajosa, a creyentes y no creyentes. Pero su agenda también refleja los consabidos eventos oficiales y protocolares de bienvenida con personeros del Gobierno, el cuerpo diplomático y ‘Representantes de la Sociedad’. Si la representación diplomática del Vaticano no le ha dado un ‘breafing’ sobre lo que posiblemente se encuentre en esos actos protocolares, aquí, también a groso modo , le adelanto algunos indicadores.

En mi saludo a los peregrinos, la semana pasada, les señalé que ‘…en todas partes hay gente buena y gente mala’, seguramente entre esos personeros oficiales y ‘de la sociedad’ hay gente muy buena y algunos no tanto. Pero advertí sobre los ‘perversos’; esos ‘que solo piensas en hacer dinero a como dé lugar y al traste con la humanidad’… sin importar a quiénes pisotean o denigran.

Esa gente lo más seguro es que comparte su fe católica y, evidentemente, su creencia en Dios y su hijo Jesucristo. Usted, en su homilía del 8 de enero pasado señaló que: ‘Lo opuesto más cotidiano al amor de Dios, a la compasión de Dios, es la indiferencia: la indiferencia. ‘Estoy satisfecho, no necesito nada. Tengo todo, tengo asegurada esta vida, y también la eterna, porque voy a Misa todos los domingos, soy un buen cristiano’, pero, saliendo del restaurante miro a otro lado’.

Un perverso entramado familiar, de amigos, socios, excompañeros de colegio, compadres, etc., dominan el sistema económico y financiero (multimillonarias contrataciones del Estado); que deberían procurar las obras y resolver las necesidades para el desarrollo de este país. Y si pareciera que lo hacen conforme, averigüe si la atención de salud y los hospitales públicos, los colegios y la seguridad ciudadana de las clases media, populares y trabajadoras están a la altura de la imagen que proyectamos, eso para comenzar. Lo que hacen a favor del pueblo trabajador es, en términos generales, mediocre o malo y el único fin es el de beneficiarse económicamente. La multiplicación de los peces no es para compartir con todos; migajas es lo que arrojan para el común de los panameños. A pesar de nuestra condición de pueblo multiétnico y multicultural, en donde debiéramos poder cultivar, exponer y compartir de manera holística una miríada de experiencias, poco o ningún interés muestran en los temas histórico-culturales, el arte o la literatura nacional y la inversión en estos renglones es mínima.

En una de sus primeras entrevistas de su pontificado usted habló sobre el dinero y las riquezas. Señalo que: ‘Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana’. Parecía hablar de los perversos a quienes me refiero. Aquí, empresarios y políticos tienen como meta amasar grandes sumas de dinero, a como dé lugar. Millones y millones de dólares. Eso incluye a los que se benefician de las creencias de los pobres; llámese pastores o apóstoles. Usted, papa Francisco, se refirió a aquellos como ‘trepas’: ‘…También en la comunidad cristiana hay de estos trepas, ¿no? Que buscan su propio beneficio y consciente o inconscientemente fingen entrar por la puerta, pero son ladrones y sinvergüenzas. Para ellos la religión es un negocio…’.

En todo caso: ¡Bienvenido!; su presencia aquí es respetada por la mayoría, aunque no compartamos algunas ideas fundamentales. Pero eso es de humanos y nos toca buscar espacios comunes para procurar el bienestar de todos.

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