A 29 años de la masacre

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A 29 años de la masacre

Por Julio Bermúdez Valdés
Redacción de Bayano digital

El Balance 

  • En esta fecha la invasión de Estados Unidos a Panamá el 20 de diciembre de 1989, cuyo saldo definitivo aún se desconoce, y su categoría se mantiene “como día de reflexión”.
  • La Comisión Especial 20 de diciembre dara a conocer sus hallazgos al respecto.
  • Pese a las casi tres décadas, escritos y titulares siguen reflejando las dos corrientes enfrentadas para esa fecha.
  • Un gran mural situado en la pared de una comunidad popular en el que se lee: “20-dic-89 NI OLVIDO NI PERDON”
  • Para  Felipe Camargo, ex oficial de las Fuerzas de Defensa, el triunvirato que asumió la dirección del país en esa fecha tenía conocimiento previo de la invasión y la habría respaldado.
  • Carlos Abadía, uno de los dirigentes de la cruzada civilista que avaló la invasión, admite que “la invasión sigue presente” y que en ocasiones quisiera olvidarla. Afirma que “Lo sucedido el 20 de diciembre de 1989 fue una humillación para nuestro país”, pero la justifica señalando que “el responsable interno fue el régimen dictatorial que nos gobernaba”.

Las opciones del Departamento de Estado 

Tras las elecciones de mayo de 1989 dos tesis se barajaron entre las fuerzas que se oponían al régimen de la época: una invasión o una acción comando para capturar al general Manuel Antonio Noriega. Ambas fueron consideradas en una reunión realizada en el Departamento de Estado, de acuerdo con una fuente presente en la misma y que ha preferido mantener el anonimato.

Mientras que un sector se pronunció a favor de la intervención masiva de tropas norteamericanas para capturar a Noriega y de paso desbaratar a las Fuerzas de Defensa, otro aseguró que “era preferible una acción comando para capturar al jefe militar”. ¿Por qué? “Porque en una invasión moriría mucha gente”.

Tanto a la operación comando como a una decisión de Noriega de dejar la comandancia de las Fuerzas de Defensa, siguieron confusas señales del Departamento de Estado. Noriega pudo cumplir los acuerdos de una negociación en 1988 en los que actuaron como representantes Rómulo Escobar Bethancourt, por Panamá y Michael Kozak por Estados Unidos, y según la cual el jefe militar dejaría su cargo. La condición era que lo haría ante la Asamblea de Legisladores y que sería él quien daría el anuncio y no Estados Unidos.

Fuentes allegadas a Noriega aseguran que este habría dado instrucciones al entonces dirigente del PRD Rigoberto Paredes para que conforme la ley panameña gestionara la convocatoria de la Asamblea. Pero el Departamento de Estado se habría adelantado, saboteando la decisión de Noriega. El otro acto confuso se produjo el tres de octubre de 1989. El acuerdo, según se ha sabido, era capturar a Noriega y entregarlo a Estados Unidos.

Golpe de Estado y divisiòn del cuerpo armado

Ese día el jefe militar estuvo esposado por unas cuatro horas y aun cuando un helicóptero del ejército de Estados Unidos se posó en dos ocasiones sobre el cuartel de las Fuerzas de Defensa la entrega no se produjo. La no entrega de Noriega fue interpretada por analistas de inteligencia como una manifestación de que, si bien había inconformidad con el general en las filas castrenses, prevalecía en las Fuerzas de Defensa un sentimiento nacionalista y autónomo.

La invasión

El intento de golpe terminó por fracasar, con consecuencias dramáticas que terminaron por ahondar la división del cuerpo armado. Entre tanto, en las filas civilistas un sector sostuvo hasta el siete de diciembre que “aún era posible un acuerdo con las fuerzas militares”, pero los hechos ya habían evolucionados y la noche del 19 de diciembre la administración de George W.H. Bush ordenaba el desembarco en Panamá de 13 mil soldados que se sumaban a los once mil que permanecían en el istmo, para dar curso a la invasión

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