Política exterior de Panamá, rodeada por un anillo de  conflictos agudos

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Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá (Foto La Estrella de Panamá)

Política exterior de Panamá, rodeada por un anillo de  conflictos agudos

Por Ramiro Guerra Morales
Abogado y analista político

La región Centroamérica sigue envuelta en un ambiente o escenario de situaciones sociales de alta tensión. La confrontación sociedad-gobierno persiste y da cuenta, más que de acercamiento para encontrar un punto de encuentro, de larga la distancia para poder alcanzar soluciones duraderas a los conflictos.

No hay que tomar a la ligera la aparición de un núcleo de insurrectos en Costa Rica. Ese hecho de rebeldía pone de relieve la crisis de un orden democrático que se revela como incapaz de propiciar los escenarios y puentes para dialogar y concertar. Cuando esos caminos se cierran, el recurso de la fuerza en el terreno de las armas aparece como un recurso real para resolver contradicciones. Las informaciones que llegan de ese hermano país, indican que al  presidente le queda poco o casi nada de legitimidad. En ese contexto, surge de un lado la represión y, por el otra parte, un movimiento de masas radicalizado.

Vamos a Colombia, el otro país vecino de Panamá. Cuando parecía enrumbarse por los  caminos de la reconciliación y la paz, esa realidad entra en un proceso de reversa. Gana la presidencia un hombre de extrema derecha, interlocutor de la oligarquía. Con ello, hay un adiós a la paz y se produce un retorno a los asesinatos de dirigentes populares.

Los casos de Honduras, El Salvador y Guatemala, con conflictos sociales agravados ofrecen una fachada de democracia de la que sólo queda la apariencia. Como escribió el poeta revolucionario Roque Dalton, son países donde el mañana y los amaneceres son una tentación. Sus pueblos huyen de esa dantesca realidad de miseria, represión y grupos armados de las pandillas. Ese es el escenario donde estamos inmersos. Seguimos rodeados por un anillo de conflictos agudos.

Lo anterior nos plantea desafíos importantes, como evitar, a como dé lugar, la posibilidad de que quedemos arrastrados por esas realidades. Son tiempo de crisis. Ningún país crece y se desarrolla en un ambiente donde no hay diálogo y paz. En Panamá, estamos lejos de lo que ocurre en los Estados fallidos, pese a los índices negativos en materia de equidad social, alto desempleo e informalidad, y un sistema educativo fracasado.

Soy categórico: ninguna estrategia para sacar al país hacia adelante tendrá éxito, si no se preserva y mejora el todavía ambiente de relativa paz que se respira en este país. Ese es un capital estratégico. Invertir en cultura de diálogo y paz, sí genera réditos y más si tiene como filosofía, el crecimiento y desarrollo humano.

La polìtica exterior del gobierno panameño no debe desconocer esa realidad. Es necesario asumir una posiciòn vertical, no subordinada y abierta al diàlogo en un complicado escenario polìtico y econòmico para ganar respeto y respaldo en el àmbito internacional.

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