Omar Torrijos perdura en la conciencia de panameños que enarbolan su bandera de lucha

Con Omar el país pasó de ser una especie de aldea o traspatio de Estados Unidos, a un Estado soberano auténtico,.

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David Carrasco
Redacción Bayano digital

Olvidado, borrado deliberadamente en las obras monumentales del Canal de Panamá y vilipendiado por sectores antinacionales beneficiados económicamente con la recuperación de las áreas revertidas, la figura de Omar Torrijos vive en las luchas sociales y patrióticas del pueblo panameño, heredero de su gran legado y protagonista de nuevas contiendas por la soberanía.

Su desaparición física, acaecida el 31 de julio de 1981, marcó un reto para los pueblos latinoamericanos que veían en el líder militar panameño un coloso de la batalla anticolonialista en el escenario hemisférico y el ámbito mundial. Su muerte dio paso a nuevos actores, algunos de ellos interesados en tratar de suplantar su egregia figura por un modelo reformista y lisonjero, con el objetivo de reinstalar en la cúspide del poder a clases dominantes.

Sin embargo, el pueblo panameño no se ha dejado amilanar. Sabe que detrás del pedido de “dejar descansar en paz” a Torrijos, se oculta el planteamiento malévolo de escamotear su trayectoria, esconder el ideario soberano y el proyecto político de unir al pueblo en una sola bandera de reivindicación nacional para definir un destino democrático, sin ataduras excluyentes ni compromisos con los viejos moldes institucionales y burocráticos.

Con Torrijos a la cabeza, los sectores populares descubrieron que era posible acceder al poder para desarrollar una política exterior consecuente, que elevó la causa panameña a sitiales jamás alcanzados. El país pasó de ser una especie de aldea o traspatio de Estados Unidos, a un Estado soberano auténtico, sin estacas colonialistas en su suelo ni plataformas para agredir a otros pueblos hermanos perseguidos, a los que tendió su mano franca.

Al conmemorarse un nuevo aniversario de la desaparición física del dirigente revolucionario, Bayano digital reconoce la importancia de su liderazgo en la formación de un movimiento valiente y solidario, que llevó la Educación a los campos y forjó una alianza con la clase obrera. Un modelo de buena gobernanza surgió de la corriente democrática que Torrijos encabezó en las Fuerzas Armadas, por encima de las posiciones retrógradas y anticomunistas de oficiales corruptos y serviles, y de sectores aristocráticos que desaprobaban el desarrollo igualitario.

Su ejemplo consecuente sigue vigente en el corazón de un pueblo que exige cambios verdaderos en materia de equidad y una lucha frontal contra la corrupción enquistada en partidos políticos que traicionaron el ideal nacional y se afianzaron en el latrocinio y en el deleznable clientelismo electoral para su propio provecho.

Torrijos no vive en las romerías que algunos organizan cada año para evocar su nombre, como se suele ocurrir con los santos en procesiones comunitarias. En verdad, perdura en la resistencia, en la fuerza de una juventud que exige Justicia y pleno respeto a la soberanía, y es capaz de desafiar a grupos elitistas que aplastan al productor nacional y engañan a la población desprevenida.

Omar está presente en la conciencia y el pensamiento político de las mayorías, y sigue presidiendo la lucha social contra el oprobio y los que esquilman a una población dispuesta a resistir y exigir sus derechos sociales y económicos, en rechazo al expolio y al fraude de grupos excluyentes afianzados en el poder hegemónico. Su ejemplo de dignidad, coraje y patriotismo perdura como el legado del general Victoriano Lorenzo, quien aún cabalga en los campos, sobre un caballo brioso de cristal irrompible.

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