Panamá y Colombia: alianza para la paz

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Gustavo Petro tras el triunfo electoral. (Foto: EFE / Mauricio Dueñas Castaneda).

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

El domingo 19 de junio de 2022, será recordado en Colombia como el día en que más de once millones de ciudadanos de esa hermana nación, confirmaron su voluntad política, expresada en las urnas, de caminar por la senda del “cambio”.

Transformación que consiste en la sustitución de la política del odio, por “la política del amor”, del desconsuelo por la esperanza, de la política de guerra por el derecho a la vida, de la polarización política por la unidad nacional. Cambio que el presidente electo de la tierra de Santander y Bolívar sintetizó en tres ejes fundamentales: “Paz, justicia social y justicia ambiental”.

De ese planteamiento central se derivan —y así lo hizo saber Gustavo Petro— inéditos rumbos, de la nueva Colombia. Novel realidad de la relación binacional que será inaugura a partir de la toma de posesión del mandato de Gustavo Petro y que los panameños por los lazos históricos, culturales, geográficos, políticos y económicos que nos unen a los hermanos colombianos, debemos tomar nota y prestar la debida atención.

Gustavo Petro habló de la paz y del diálogo entre latinoamericanos. De la conversación del bloque regional latinoamericano con los Estados Unidos de América. Ello supone para colombianos y panameños, particularmente, para el gobierno de Laurentino Cortizo Cohen, la sustitución de la política de guerra para combatir la migración y el narcotráfico, por una política de paz y cooperación.

Además, supone que el lenguaje diplomático de subordinación a los designios de hegemonía unipolar estadounidense, debe modificarse en Panamá, como seguramente se hará en Colombia, para convertirse en una relación de cooperación y respeto entre pares iguales. Ello es así, sí no queremos quedar —irremediablemente— aislados en el nuevo dibujo geopolítico que se configura en el concierto de naciones indoamericanas.

Finalmente, se prevé que algunos interlocutores políticos nacionales —relaciones exteriores y seguridad pública, por ejemplo— no son los más apropiados para la nueva era que será inaugurada con el gobierno que se instalará, a partir del 7 de agosto del presente año, en el Palacio de Nariño.

¡Así de sencilla es la cosa!

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