Panamá: tan cerca del “capitalismo salvaje” y tan lejos de una economía social de mercado

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Indignados en las calles de Panamá. (Foto: AFP).

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

Uno de los resultados —¡cuidado con el “fruto envenenado”!— más significativos del “revolcón popular” es que favorablemente ha resucitado el debate de ideas. Por supuesto, que no me refiero a la algarabía del pensamiento trasnochado que vuelve a abanicar el muerto insepulto de la “guerra fría” del período de la bipolaridad geopolítica desaparecida hace más de tres décadas. Tampoco aludo a la estridulación de los grillos mediáticos.

Reseño, más bien, al debate ideológico como el introducido por uno de los socios fundadores de INDESA, Guillermo Champan, publicado curiosamente en el diario “la hija de papá”, bajo el título de “¿cambiar de modelo?” Por ejemplo, el más viejo y más sabio de los Chapman, deja con claridad meridiana los dos tipos de “cirugías” económicas-políticas necesarias, dada la profundidad de la crisis panameña, esto es, medidas de corto plazo o coyunturales (que son las que se debaten en el “diálogo de Coclé”) y las transformaciones de mediano o largo plazo, también conocidas como “estructurales”.

En dicho ejercicio el mayor de los Chapman, señala los modelos capitalistas experimentados en el mundo: El modelo intervencionista practicado en Estados Unidos de América, que ha propiciado la concentración de la riqueza en pocas manos o de “capitalismo salvaje” o de neoliberalismo plutocrático. El capitalismo derivado del “Consenso de Washington” o de “ajustes estructurales”, impuesto a la mayoría de los países del mundo que, mediante la privatización de las empresas estatales derivó en una serie de actos de corrupción y enriquecimiento de muchos gobernantes de América Latina, condujo a las distorsiones monopólicas y oligopólicas del mercado y a la evasión de impuestos de los más ricos. Y, por último, el “capitalismo de bienestar” o capitalismo social de mercado, practicado, sobre todo, en países europeos.

También señala el economista en comento, que las medidas coyunturales deben ser de corto plazo y en el ínterin producir los cambios de las “reglas del juego” o estructurales del modelo económico. Sin embargo, en esta parte del relato, introduce el “fruto envenenado” con el siguiente pasaje: “Pero, si se pretende dar permanencia a este sistema, tendríamos ante nosotros un intento de implantar un sistema de economía centralmente planificada, en la que el Estado tenga control de los medios de producción como el que prevalece en pocos países”.

No es totalmente cierto lo indicado por el economista Chapman. Nadie en este país, ni siquiera a las alianzas surgidas al calor del “revolcón” popular, se ha propuesto el cambio del modo de producción capitalista por el modo de producción comunista (socialista) “que prevalece en pocos países”. En efecto, después de la caída del “socialismo real en Europa” en 1989, solo sobrevive este sistema en China y Vietnam (Capitalismo de Estado), Corea del Norte (economía totalmente cerrada) y Cuba (con una economía mixta). Porque, en Venezuela y Nicaragua el modelo económico —como lo indica el propio economista citado— es el de una economía capitalista de mercado, otra cosa muy distinta, es la apreciación que se tenga del sistema político de dichos países, proclives al autoritarismo.

Queda claro que cuando se afirma la necesidad del cambio de modelo económico en Panamá, se está haciendo referencia al modelo capitalista distorsionado de monopolios y oligopolios, de evasión de impuestos, de un sistema impositivo regresivo e inequitativo y de la concentración de la riqueza en pocas manos.

En síntesis, los cambios coyunturales o inmediatos, “convoyados” por las alianzas populares y étnicas surgidas al calor del “revolcón” popular, producto de la crisis global de incrementos de precios, particularmente del costo de la próxima “Canasta Básica de Alimentos Ampliada y Saludable” (72 productos bajo control de precios), medianamente se está atendiendo en el “diálogo”, pero éstos tendrán, a lo sumo, una duración de seis meses; pero las transformaciones estructurales se convierten en una utopía, con el actual sistema político de la plutocracia corrupta y de clientelismo político, en todo caso, solo salvable con el llamado de una Constituyente.

Mientras se produzcan las condiciones objetivas y subjetivas para concretar los cambios estructurales requeridos para ofrecer una vida digna a todos; el panameño de a pie, los profesionales universitarios, la gente de clase media, y el país decente, continuará padeciendo el hecho cierto de estar tan cerca del “capitalismo salvaje” y tan lejos de una economía capitalista social de mercado o una economía capitalista de bienestar.

¡Así de sencilla es la cosa!

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