PANAMÁ ENTRE CRISIS SOCIAL Y PANDÉMICA

Abordar correctamente la tragedia que estamos viviendo implica buscar respuestas integrales, de contenido histórico y estratégico, de rumbos anti-imperialistas, anti-oligárquicos y anti-neoliberales y de penalización enérgica, además, de la corrupción y la delincuencia.

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Reconocimiento de Bayano a Rubén Darío Sousa por una vida dedicada a la lucha por la justicia social.

Rubén Darío Sousa B.
Dirigente histórico del Partido del Pueblo

Rubén Dario Sousa Batista, Partido de Pueblo.

Nuestra sociedad se debate hoy en un polvorín donde se mezclan la pandemia tenebrosa y la asfixiante crisis social, que nos han colocado entre los países más desiguales del mundo.

La intención con la que actúa la alta burocracia estatal, la oligarquía proyanqui y los agentes del imperialismo norteamericano, es la de abordar la crisis como un problema de salubridad solamente, excluyendo la crisis social presente, para que nuestro sistema socio-económico, político y neocolonialista, continúe con la visión neoliberal encima.

Estamos ante un dilema: o abordamos las dificultades críticas que nos atormentan como un problema sólo de salubridad o como un problema global, en el cual la peste pone al desnudo la tragedia socio-histórica que nos impuso la invasión yanqui-civilista desde hace 30 años.

Abordar la crisis actual por un síntoma sanitario, en un cuerpo social extenuado por el neoliberalismo, es lo mismo que “salir de Guatemala para entrar en Guatepeor”.

La sociedad panameña se debate en el marco de una crisis social general, múltiple. Concurren en ella una crisis económica, cultural, política, ética, educativa, de autodeterminación plena, etc., etc. Analizar esta complejidad efectiva como problema de salud es empirismo, lo que se agrava, si se conduce la misma  solo por profesionales de la salud.

Lo que la pandemia ha hecho en realidad no es traernos únicamente una peste, sino poner en la superficie de nuestra comunidad nacional, la realidad y contenido social que ha generado la invasión militar yanqui-civilista que permitió restablecer el poder político de la oligarquía.

Abordar correctamente la tragedia que estamos viviendo implica buscar respuestas integrales, de contenido histórico y estratégico, de rumbos anti-imperialistas, anti-oligárquicos y anti-neoliberales y de penalización enérgica, además, de la corrupción y la delincuencia.

Lograr una calidad política necesaria, exige también una calidad subjetiva comprometida con nuestro real devenir, ajeno a todo eclecticismo y oportunismo, propio de los conductores políticos de la actualidad, los cuales le rinden culto al acomodo sin principio y sin ética.

Por otra parte, nos encontramos también con que la batalla no solo hay que dársela a los eclécticos de moda y los oportunistas de toda laya, como ya habíamos anotado, pues ahora se incluyen sectores de la izquierda con posiciones dogmáticas, antidialécticas, que han perdido “la visión del bosque, por ver el árbol”.

Nuestra sociedad panameña no puede ser vista como estatua estática, congelada en un hecho histórico determinado. Nuestra sociedad es un cuerpo vivo, que se mueve en rumbos históricos determinados. Son rumbos objetivos que dependen de la correlación de fuerzas reales.

Determinar esta realidad sólo es posible por medio de un examen dialéctico materialista, es decir, según su estado real y su tendencia objetiva, histórica. Quienes hagan lo contrario, siguiendo dogmas o simpatías subjetivas no hacen otra cosa que seguir subjetividades, pugnando con la realidad objetiva y, por supuesto, con lo históricamente necesario.

 

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