Organización y solidaridad ante la pandemia. Editorial del 17 de marzo

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Los pueblos que vencieron a las pandemias a lo largo de la historia de la humanidad consiguieron los mejores resultados a través de la organización y la solidaridad, más que de la exclusión, la agonía y el miedo colectivo. En pleno siglo, XXI se confirma la necesidad de apuntar los recursos estratégicos a un sistema de salud pública ágil y eficiente, ante un panorama catastrófico, grave y desolador.

La rápida extensión de la pandemia genera varias lecciones, como la pérdida del dinamismo económico en poco tiempo, la debilidad generada por la desmovilización del Estado gestor y el riesgo de estallidos sociales y confrontaciones violentas a causa del desplome de un modelo privatizador edificado sin sustento popular alguno, que no es garantía de estabilidad y confianza ciudadana.

El estado de urgencia desatado a partir del desafío epidemiológico obliga a la anticipación de respuestas al surgimiento de escenarios definidos por la agudización del hambre, las disputas por el control de bienes y servicios y el acaparamiento irracional de alimentos, medicinas y el dominio de territorios por grupos de poder, lo que implica el surgimiento de vías hacia la ingobernabilidad.

La pandemia del Coronavirus (Covid-19) no sólo es un asunto de Salud. De hecho, diversos analistas prevén que ejercerá un efecto sobre Panamá, que en las últimas décadas privilegió los servicios internacionales y el sector logístico, y hoy encara el declive y el riesgo del cierre de los mercados, lo que somete a una exigente prueba la gestión del Estado golpeada por la incertidumbre.

En otros tiempos de presencia popular organizada, la amenaza a la Salud y a la Seguridad no habría transcurrido sin una respuesta enérgica de las Juntas Comunales, los Comités de Salud, los sindicatos y los destacamentos juveniles inspirados en la defensa de la soberanía y el principio de la integridad territorial. Toda esa riqueza atesorada se perdió al imponerse una perversa corriente privatizadora.

Es casi una epifanía que sea una pandemia la que recuerde a los panameños dónde radica la fortaleza nacional histórica, así como la debilidad que surge de los modelos reformistas y excluyentes en boga. Entender esa diferencia es clave para la articulación de una estrategia funcional y un plan movilizador dirigido a enfrentar potenciales hambrunas y el caos producido por el sistema neoliberal.

Las luchas contra el Coronavirus y nuevas pandemias anticipadas por el cambio climático no podrán ser ganadas únicamente con medidas coercitivas en las que las comunidades se convierten en simples espectadores anónimos. Esas mismas comunidades, aturdidas por la desinformación incesante, deberían ser protagonistas en el diseño del país unitario, justo, digno y solidario que queremos.

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