Ni juez ni jurado, sólo caminante haciendo camino

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La orden de los dueños del circones es que el show debe continuar.

Por Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista (VT)

Está por caer el telón y cerrarse la temporada de teatro 2024, descrita como la recta final de la campaña electoral panameña, en la que el premio parece estar reservado para aquel cuya feria de promesas tenga mejor vestuario y presentación.

El Estado posee una deuda astronómica y una realidad geopolítica de inestabilidad a nivel global. Con aires de radicalización y deterioro económico, varios candidatos presidenciales se han dedicado a ofrecer obras faraónicas propias de un reino de riquezas sin límite. Parece que descubrieron un planeta paralelo regentado por el Genio de la Lámpara de Aladino.

En el escenario de esa obra de teatro electoral no se menciona como lograr, de dónde provendrían los recursos y menos cómo solucionar los problemas reales, pero sí han logrado dinamitar lo poco de institucionalidad que restaba. Asimismo, ha sido minada la credibilidad en el juez (TE) y se han reforzado las rutas para judicializar la política. Conviene señalar que se están sentando las bases para fomentar la perdida de gobernanza, lo cual en ningún caso puede ser casual.

La realidad indica que se preparan los escenarios para salidas no ortodoxas, laterales, si los poderes fácticos ven en riesgo su hegemonía. Bien lo denuncia el analista político José Eugenio Stoute: “nos estamos jugando el futuro”, y es que en las elecciones del 2024, luego de las luchas de 2022 y 2023, en las que la sociedad demostró capacidad de movilización y coherencia de lucha en las calles, exigiendo respuestas y compromisos, rechazando los proyectos mineros, sin olvidar los otros temas en crisis. El capital está dispuesto a no ceder un milímetro de su control y ganancias.

Se ha vendido, casi adoctrinado a la población de que el cambio es malo, especialmente si pone límites al mercado y plantea la regulación de la ganancia en la búsqueda de un equilibrio en el acceso a las riquezas y a la acumulación procedente del despojo y la corrupción. Por ello, se administra la educación y la salud pública como  si fuese un gasto y no como una importante inversión social.

La realidad también demuestra que se debilita la pequeña y la mediana empresa, mientras se exoneran y favorece a los grandes negocios del gran capital. Por ello, se sataniza a la dirigencia popular, mientras se muestra el ”gran espíritu filantrópico” de los señores empresarios.

Es el marketing del sistema para mostrar que la pobreza es sólo un detalle, un fallo del modelo que se corrige puntualmente. No se requiere meterse con las reglas del modelo y menos con las reglas del mercado. Basta con acomodar algunos detalles y garantizar la inversión privada que creará empleos con rostros de miseria, en los que las ganancias obtenidas sean maximizadas..

Para evidenciar lo anterior, en este cierre de la función 2024, los intereses mineros y del gran capital están representados en seis de las siete nóminas en forma directa e indirecta para garantizar que todo cambie sin afectar la esencia, sin que nada cambie. Se ofertan grandes inversiones y dinero, cual lluvia en invierno, pero sin definir de dónde saldrán los recursos requeridos… ¿más deuda?

Lo realmente sorprendente es la falta de memoria o la falta de visión de los planes ocultos que sustentan esas promesas y los discursos en contradicción con lo exigido por quienes estuvimos en la calle luchando por un Panamá Verde, exigiendo respeto a la vida y planteando el derecho a un futuro digno, soberano y de visión colectiva.

A los luchadores sociales de profunda trayectoria e innegable visión los vemos aceptando los cantos de sirena y embrujos de esas candidaturas descritas. Es hora de unificar las demandas y metas del movimiento social con los compromisos electorales. Seamos claros a través de compromisos, no de promesa. Si no se pueden unificar, entonces las candidaturas no merecen nuestro apoyo.

Las elecciones del 5 de mayo debiesen ser un paso consciente y concreto en el camino al cumplimiento de metas requeridas para ser una nación autosuficiente, con soberanía alimentaria, institucionalidad, persecución del delito fiscal, combate a la corrupción, rendición de cuentas en el manejo del recurso público y la transparencia. Sólo así podrán ser garantizados los recursos requeridos en la creación de empleos y la prestación de servicios que son responsabilidad del Estado.

No se necesita más jueces ni jurados. El momento histórico que vivimos exige ser partícipes de la definición del futuro del país y no sólo la elección del menos malo. En 2023, se delineó una meta país y hay que caminar hacia ella, recordando que ”se hace camino al andar”.

Seamos compañeros de camino, rumbo a un destino de beneficio colectivo donde se tenga al ser humano como centro y su bienestar como objetivo en términos colectivos. Se requiere un equilibrio entre la satisfacción de necesidades para la convivencia humana y disponibilidad de recursos, rechazando el despojo y el acaparamiento promovido por el sistema económico impuesto.

En mayo, debemos honrar la herencia de lucha y no olvidar el ejemplo de los mártires . La vida digna se defiende o se pierde. Hagamos camino sin perder la meta definida por el pueblo en las calles y recordemos la máxima de “Tierra, Techo y Trabajo” para todos, con igualdad de oportunidades.

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