Necesidad de un verdadero pacto con la naturaleza

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Se requiere un nuevo pacto con la Naturaleza para salvar al mundo de la catástrofe.

Por Franklin Ledezma Candanedo
(Periodista, Escritor y Poeta)

“Estamos en una profunda crisis de civilización, que amenaza con deslizarse hacia la barbarie pura. Esencialmente, esta crisis tiene que ver con nuestra relación con la Tierra, que estamos dañando de varias maneras. Sólo un tratamiento cuidadoso y amoroso de todos los seres vivos puede dar a la humanidad un nuevo futuro. Sólo así la vida puede derrotar a la muerte (Leonardo Boff, Pensador brasileño).

La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización, de donde se deriva su importancia ineludible.

Boff indica: “O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo”.

La naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña? Nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.

Necesitamos un pacto social, dice Boff, que va de la mano con un pacto con la naturaleza y la Tierra entera, que ponga al mundo en el camino hacia «una democracia social-ecológica».

“Veo esta pandemia como una reacción de la Tierra que quiere defenderse de la especie más violenta de la naturaleza, el ser humano”.

Asegura que “no hay posibilidad que el hombre gane la guerra que está librando contra la tierra, atacándola en todos los frentes La Tierra no nos necesita, nosotros la necesitamos”.

Siempre hemos visto a la tierra como una reserva inagotable de recursos diseñados para proveer el crecimiento ilimitado. Estos sistemas están ahora bajo presión: los recursos inagotables y el crecimiento ilimitado son una ilusión, una premisa falsa.

Tanto Boff como los científicos y filósofos James Lovelock, Brian Swimme, Zygmunt Bauman, Slavoj ‘ižek, Eric Hobsbawm y otros nos advirtieron hace mucho tiempo: “O cambiamos nuestra relación con la tierra, que es pura explotación, o nos dirigimos directamente a la ruina y cavamos nuestra propia tumba”.

Indican que debemos cambiar nuestra forma de producir, distribuir y consumir, y adoptar una actitud más benévola hacia la tierra y la vida. De lo contrario, simplemente no hay futuro para la humanidad en este planeta.

Dondequiera que se impuso el neoliberalismo duro, parece haber sido un fracaso social hoy en día. Esto se aplica a Chile, pero también a Ecuador, y a Bolsonaro en Brasil. El resultado es una inmensa acumulación de riqueza en manos de unos pocos, a expensas de la mayoría de la población que vive en la pobreza.

Necesitamos encontrar una nueva forma de convivencia en la que la dimensión ecológica ocupe un lugar central. A veces utilizamos el término «democracia social-ecológica», que no se centra en el beneficio, sino en la sociedad y la vida en toda su diversidad. La política y la economía deben estar al servicio de la vida y no sólo al servicio del mercado. Algunos hablan de una civilización «biocéntrica» basada en relaciones de amistad y cooperación con la naturaleza, más que contra la naturaleza.

Esto puede hacerse trabajando en otro sentido. Muchas personas están convencidas de que debemos prestar más atención al nivel regional que a la globalización económica.

Hoy en día tenemos que construir la tierra como nuestro único espacio común. No se trata sólo de la dimensión económica y financiera, sino de una nueva etapa en la historia de la humanidad y de la Tierra, una humanidad unida y una Tierra como nuestro hogar común.

Según Boff nadie sabe en qué dirección nos estamos moviendo. Existe el peligro de una guerra nuclear entre los países de la nueva Guerra Fría, los EE.UU. y China. Eso sería el fin de la especie humana. El coronavirus pone de rodillas a todos los que están en el poder y sugiere que no necesitamos esa guerra. El enemigo es invisible e inaccesible. Ataca implacablemente, sin hacer distinción entre ricos y pobres, creyentes y no creyentes.

Para el intelectual brasileño y para muchos ecologistas esto es una señal de que la Tierra, el organismo vivo Gaia, nos está guiando e invitando a profundos cambios estructurales. No podemos continuar como estamos, no sobrevivimos. Todas las señales de alarma de la tierra están en rojo.

Las Naciones Unidas declararon el 22 de abril de 2009, que este planeta no es simplemente la Tierra, sino la Madre Tierra. La tierra como suelo puede ser comprada y vendida, pero una madre no puede tratarse como una mercancía, debes respetarla y amarla.

En tiempos de crisis de la civilización tenemos que volver a lo más esencial, y eso es el cuidado como paradigma universal: el cuidado de la Tierra, de la naturaleza, de nuestra existencia. El cuidado es parte de la esencia de la humanidad.

Finalmente, el autor comentado indica: “Un ser vivo que no es atendido se debilita y muere. Esto no es diferente para la humanidad. Aparte de esta actitud solidaria, debemos volver a lo que nos hace humanos, y eso es la solidaridad. Hoy en día ha desaparecido casi por completo porque la cultura del capital se basa en la competencia y le importa poco la solidaridad”.

Fraternal saludo desde nuestro masacrado e intervenido Corinto Bolivariano: Panamá (indoame08-21/02/21)

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