Modelo económico impuesto tras la invasión, hizo más dependiente a Panamá

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Los consumidores pagan más cara la comida y la energía.

Por Juan Carlos Calzadilla Carrera
Ingeniero y productor agroindustrial

El neoliberalismo, impuesto en 1989 con la fuerza de una invasión, ha sido demoledor para Panamá. Hay que admitir que fue un hecho aplastante y sistemáticamente aplicado, y no existe actividad en nuestras vidas que no esté marcada por esa realidad adversa.

Como resultado de la imposición de ese modelo, los panameños han perdido el derecho a escoger, a evaluar diversas opciones nacionales que decidan su destino. Es necesario apelar al interés colectivo, como sociedad, y recuperar el sentido de identidad y autodeterminación para encontrar soluciones duraderas a problemas medulares en tiempos de crisis e incertidumbre.

La dependencia de este país respecto a los combustibles, es un tema de trascendencia en nuestras vidas, pues sin energía barata y de acceso confiable, el futuro de la población es oscuro.

Esa notoria dependencia induce a la reflexión y a formular algunas preguntas sobre el mercado energético: ¿Qué sucedió con Refinería Panamá, ubicada hace años en la provincia de Colón? ¿Por qué fue cerrada y transformada en chatarra, mientras este país se subordinó a la importación de productos refinados más caros y fluctuantes?

Conviene a todos saber de dónde viene hoy la gasolina, el diésel y otros derivados del petróleo, y quiénes importan y comercializan esos productos. Los productores y consumidores deberían saber a qué costo son realizadas esas operaciones comerciales y qué compromisos oficiales existen en el suministro de esas fuentes energéticas a Panamá.

Si ese suministro de energía proviene de las refinerías en Estados Unidos, es obligatorio saber a qué precio llega a Panamá y qué confiabilidad existe en su suministro. Es útil recordar que en la región latinoamericana hay otras opciones disponibles, pero ¿serán más baratas o confiables que las incorporadas a la matriz energética?

Cómo usuarios, debemos pensar en los efectos que tiene en la economía nacional la conflagración en Europa. Los vientos que soplan no anticipan una solución inmediata, por lo que es necesario evaluar otros escenarios posibles para garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria, y las metas de desarrollo humano.

Sin duda, se requiere una estrategia nacional para enfrentar el complejo escenario y las debilidades que condenan a la población a una realidad inflacionaria de gran impacto.

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