Martinelli libre: ¿Quiénes ganan? ¿quiénes pierden?

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“El Pacto de la Cresta” de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela

Martinelli libre: ¿Quiénes ganan? ¿quiénes pierden?

Por Julio Bermúdez Valdés
Redacción Bayano digital

El empeño del expresidente Juan Carlos Varela y el tono mediático que se le dio al juicio del también expresidente Ricardo Martinelli transformó ese proceso en una apuesta política que acaba de ser dilucidada.

Lo que comenzó como una alianza santificada en la residencia de la embajadora de EEUU en Panamá, Barbara Sthepenson en enero de 2009, bajo el sugerente nombre de: “El Pacto de la Cresta”, acaba de concluir con un fallo absolutorio del Sistema Penal Acusatorio (SPA) para el cual algunos llaman “El Loco”.

¿Qué connotaciones tiene la decisión? ¿Quiénes ganan, quiénes pierden? Tras dejar la presidencia en 2014, Martinelli se convirtió en el objetivo central de la administración de su otrora aliado, Juan Carlos Varela, en el contexto de lo que se conoció como “una batalla contra la corrupción”.

Medios como La Prensa y TVN, Canal Dos, mediante una campaña intensa e incisiva, así como sectores de la llamada “sociedad civil”, acompañaron a Varela en una cruzada, que, inicialmente, Martinelli trató de evadir saliendo del país y reapareciendo en EE.UU.

Durante cuatro años, siete meses y 25 días, la sociedad panameña ha sido testigo de una pesquisa que a menudo cobró matices dramáticos, cómicos y hasta irritables, y que, finalmente en junio del año pasado, se transformó en uno de los juicios más publicitados en la historia judicial del país.

También en uno de los negocios judiciales más extraño, debido a transgresiones elementales al debido proceso, que iban dejando un rastro favorable a Martinelli. Desde la falta de imputación de cargos, hasta un pobre papel del Ministerio Publico, todo condujo al veredicto que en derecho ha conocido el país la tarde de este viernes.

Tan deficiente ha sido el papel del Ministerio Publico que, pocos meses después de iniciado, el tema público ya no era la inocencia o culpabilidad de Martinelli respecto a las imputaciones iniciales, sino, hasta dónde el propio Ministerio Publico lo había convertido en una víctima.

Y aquí hay un hecho relevante. Paralelamente a la verdad judicial, prevalecía una tesis mediática construida a partir del manejo privilegiado de información por parte de algunos medios, que, dirigida a inculpar a Martinelli, iba transgrediendo abiertamente el debido proceso.

El juicio a Martinelli se libraba en dos planos: uno, aquel que desde los medios juzgaba y condenaba al acusado, y procuraba convencer a la opinión publica de su culpabilidad, actuando como mecanismo de presión sobre los tribunales, y el otro, el legal, el que finalmente dictaría sentencia.

Tal condición produjo una lamentable situación. No era la culpabilidad o la inocencia de Martinelli lo que estaba en juego, sino el interés abierto de un sector de la sociedad de imponer, con un veredicto, una condición política.

Pero el propio tratamiento irregular del hecho generó una condición adversa, y entre más era exhibido “el reo”, más crecía una opinión a su favor, adversa a la de los medios, y más cónsona con la versión judicial que se iba construyendo.

Puede decirse que a Martinelli lo ha liberado el tono visceral de sus verdugos, que con su confabulación impidieron el desarrollo de un proceso sin dudas ni frustraciones, donde la opinión pública y los querellantes han sido víctimas circunstanciales.

El país jamás sabrá si Ricardo Martinelli hizo o no lo que se le achaca, porque para aplicarle justicia a alguien, lo primero es adelantar un juicio en los marcos legales establecidos.

¿Quienes ganan y quiénes pierden?

Gana Martinelli, en primera instancia, con una victoria proporcional al tamaño de lo que él mismo ha llamado “una confabulación en mi contra”.

Gana además porque crecen sus posibilidades como figura política que, con toda seguridad, y lógica, podría presentarse en las elecciones presidenciales de mayo de 2024.

Pierden aquellos que, seguros de su poder y de su arrogancia, de poseer la verdad absoluta e inapelable, pensaron que bastaba una buena campaña para lograr sus propósitos.

Pierde el señor Juan Carlos Varela, creador de estas escenas y de estas expectativas. Seguramente dirá ahora que ‘él hizo su papel, allá los jueces que no desempeñaron su rol a cabalidad’.

Sería bueno saber cuánto respaldo dio a los querellantes, cuantas evidencias concretas y veraces aportó a este juicio.

Pierde un Ministerio Público incapaz, que ha dado muestras de la mayor de las ignorancias procesales, sospechosamente negligente, extrañamente proveedor de las violaciones a las leyes que dice representar.

Lo peor es que pierde el país, y una mayoría de panameños que, aspiraba a ver un juicio llevado en justo derecho, con fiscales capaces, acuciosos y con argumentos irrebatibles. Pierden los que al clamor de “justicia, justicia” han dejado ver las grandes falencias de un sistema que se cae a pedazos. (

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