Los estudiantes también son víctimas del Coronavirus

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Módulos de Educación en Panamá.

Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público

Todos sabemos que la Educación en Panamá está formada por tres componentes básicos: el maestro, el padre de familia y el más frágil de todos, el estudiante.

En tiempos del Coronavirus, el proceso educativo se ha estancado notablemente, pese a que desde un comienzo se dijo que iba a ser la estrella del presente gobierno. Pero la pandemia la opacó. Ahora, el sistema educativo está enredado en una madeja de hilos, de la cual parece difícil desenroscarse.

Evidentemente, tal como se ha manifestado, en estos tiempos de virus letales ha recrudecido el hecho de que la Educación en Panamá está partida en dos. La desastrosa enseñanza pública y la comercializada, llamada particular.

La Educación pública venía con atrasos y no se sabe cuándo volverá a restablecerse. Con tal de lograr el pago de las mensualidades, los profesores en las escuelas públicas se acogen a plataformas para justificar sus sueldos, desarrollando módulos que responden a sus propios criterios. En ambos casos, se desconoce la existencia de una supervisión efectiva del Ministerio. Si ello se hiciese de forma minuciosa, seguramente serían descubiertas las bellezas de esos sistemas cuestionados por sus resultados.

Los módulos pueden lograr el afianzamiento de una materia, pero jamás sustituirán la importancia de una rigurosa educación presencial. Con las herramientas y los conocimientos pedagógicos modernos adquiridos, esos mecanismos adoptados podrían ser desarrollados en forma virtual y paulatina.

Millares de estudiantes ausentes de las aulas están “gozando” de un largo asueto en sus hogares a causa de la pandemia. Lo hacen utilizando sus celulares y tabletas, e ignoran que el tiempo perdido será difícil de recuperar, debido a la falta del educador que guía la clase, en vez de enviar cuestionarios a través de internet.

Algunos docentes tardarán hasta tres días en recibir la respuesta al cuestionario remitido a sus alumnos a través de videoconferencias y mensajes de correo electrónico, mientras que la Educación se dirige al fondo del abismo sin que haya barranco que la ataje.

Por otra parte, los dueños de esos colegios particulares insisten en cobrar en forma íntegra las mensualidades, pese a que durante un mes no han utilizado los salones. Tampoco han usado los abanicos ni las unidades de aires acondicionados. En las noches, los edificios están totalmente a oscuras y los propietarios de esos centros no tienen moral para pedir pagos completos a los acudientes y tutores.

Al igual que los transportistas, los dueños de colegios particulares no consumieron una sola gota de gasolina. La verdad es que los autobuses colegiales no han sido tocados por nadie.

Además, hay que tener en cuenta que los padres de familia se desgañitan, tratando que sus hijos tengan buenas notas con la utilización de los módulos, siendo indiscutiblemente el estudiante la víctima en esa situación especial y desventajosa.

Faltan instrumentos de trabajo y la capacitación de los educadores en los menesteres tecnológicos, precisamente en tiempos del Covid-19 y otros virus. La pandemia puede pasar, pero la necesidad de educar es permanente, y es necesario avanzar.

Escuela cerrada en Panamá debido al Coronavirus,

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