ALGUNAS PREGUNTAS AL NEOLIBERALISMO DESDE LA COVID-19

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Por Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Presidente de la República de Cuba
Jorge Núñez Jover
Presidente de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Sociedad, Universidad de La Habana

Extracto

COLABORACIÓN ESPECIAL

Gestión gubernamental y ciencia cubana en el enfrentamiento a la COVID-19

Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19

La COVID-19 trae consigo no solo numerosas preguntas científicas, algunas inéditas. También ha puesto a debate algunos de los dogmas que el neoliberalismo enarbola: estado mínimo, mercado como panacea, desregulación, desnacionalización, privatización, achicamiento del sector público, destrucción de los bienes comunes, políticas públicas fragilizadas, entre otros.

La crisis actual es sanitaria y, a la vez, socioeconómica y humanitaria. De hecho, hay varias pandemias en curso que incluyen también la pobreza y el hambre. Cuba las ha denunciado claramente: “La pandemia agudiza los acuciantes problemas de un planeta plagado de profundas desigualdades, en el que 600 millones de personas viven en extrema pobreza
y donde casi la mitad de la población no tiene acceso a servicios básicos de salud, en cuya gestión se impone el mercado por encima del noble propósito de salvar vidas” (2).

Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19 se dice con razón que en estas circunstancias la ideología y las políticas neoliberales han sido desnudadas, y no faltan quienes afirman que el mundo deberá ser distinto luego de la COVID-19.

A los efectos de este artículo hay varias cuestiones relacionadas con el neoliberalismo que requieren especial atención:

1. La tesis del Estado mínimo o cuanto menos Estado, mejor. Es uno de los dogmas principales del neoliberalismo. Sus apologetas hablan de un “sector privado «revolucionario» dinámico, innovador y competitivo y un sector público «entrometido» indolente, burocrático e inercial” (3, p.49).

En contraposición a esto: “A menos que desafiemos los numerosos mitos referentes al desarrollo económico y abandonemos las visiones convencionales del papel del Estado,
no podemos aspirar a afrontar los retos estructurales del siglo xxi ni a producir el cambio tecnológico y organizativo que necesitamos para garantizar el crecimiento sostenible
y equitativo en el largo plazo”. (3 p.45)

¿Puede prescindirse de Estados con posibilidad de movilizar actores, recursos, capacidades, para enfrentar organizadamente tamaños retos?

2. Las políticas sociales, en particular las políticas de salud se han subordinado cada vez más a la lógica de la ganancia y la competitividad empresarial y han visto reducidas sus
capacidades de respuesta especialmente en situaciones extremas. ¿Debe ser la salud un derecho humano universal o un bien comercial más, transable en el mercado?

3. El neoliberalismo trae consigo lo que se ha denominado el “capitalismo cognitivo”, que no es otra cosa que la privatización y mercantilización del conocimiento con el objetivo de generar ganancias para el capital.(4) En contraposición a esto: ¿Debería el conocimiento, socialmente compartido, facilitar la cooperación entre los científicos y ponerse al servicio de las grandes necesidades humanas?

4. El capitalismo cognitivo generó nuevos modos de producción de conocimientos. En el modelo de la Triple Hélice(5, 6) se incorporan conceptos como los de “capitalización del conocimiento” o el de “científico empresario”, los que indican claramente que en esos modelos que surgen de la experiencia del Silicon Valley o semejantes se suman nuevos objetivos de la ciencia y que los científicos se alejan de aquellos valores que incluyó el ethos de la ciencia, formulado por Robert Merton en la década de los 40 del siglo pasado(7).

Uno de ellos, muy importante, era el desinterés, según el cual el científico no persigue otra cosa que la búsqueda de la verdad. Otro es el comunitarismo, que induce a compartir los resultados porque la ciencia es una obra colectiva.

Es obvio que, en los tiempos de la “fiebre del oro” basada en el conocimiento, ese ethos se ha erosionado bastante.

¿Serán importantes los valores de los científicos en la dura tarea de enfrentar crisis como la del nuevo coronavirus?

5. La industria médico-farmacéutica mundial, en gran medida en manos de un grupo de corporaciones transnacionales, define sus agendas de investigación-desarrollo a partir de
objetivos de rentabilidad y ganancia. Las consideraciones relacionadas con el bienestar humano de las mayorías, sobre todo de los países del Sur, no están en el foco de sus
políticas. Por ello se orientan preferentemente a atender los perfiles epidemiológicos de los países del Norte y de los grupos sociales del Sur que pueden pagar por los productos que ellas generan; mientras tanto, se observa una clara desatención a las nuevas enfermedades y las tradicionales enfermedades tropicales. Ello explica también que la industria médico-farmacéutica haya desatendido el desarrollo de nuevos antivirales y antibióticos, a la vez que privilegia medicamentos más rentables.

La COVID-19 genera de inmediato preguntas: ¿beneficia el monopolio del conocimiento que manejan esas grandes empresas el objetivo de lograr que la salud sea efectivamente un derecho humano universal? ¿Deberán los Estados, el sector público, generar capacidades que les permitan enfrentar exitosamente los actuales y futuros desafíos?

6. Una de las características del mundo contemporáneo es la enorme concentración de las capacidades científicas y tecnológicas en un grupo relativamente reducido de países del Norte (8). En los países en desarrollo no solo es posible encontrar menos capacidades científicas y tecnológicas, sino que ellas suelen sintonizar escasamente con los sectores productivos. No pocos países han puesto sus sectores estratégicos en manos del capital extranjero que poco demanda de la ciencia local.

A esto se suman las carencias observables en términos de soberanía en varios Estados. La dependencia extrema del Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de
Comercio, el Banco Mundial y otros organismos transnacionales poco ayuda a tomar caminos soberanos en materiade ciencia, tecnología e innovación (CTI).

La pregunta es si lo anterior es o no un problema y si las soluciones a los grandes desafíos económicos, sociales, ambientales, sanitarios, entre otros, se pueden atender con ciencia y tecnología importada, entregada llave en mano.

La posición de Cuba contra el neoliberalismo en el contexto de la pandemia es clara: “Cuando se repasan los hechos que han puesto en vilo a la humanidad en los últimos cuatro Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 10, No. 2 (2020): especial COVID-19 meses, es indispensable mencionar los costosos errores de las políticas neoliberales, que llevaron a la reducción de la gestión y las capacidades de los Estados a excesivas privatizaciones y al olvido de las mayorías” (2).

Las preguntas mencionadas antes permiten identificar la magnitud y complejidad de los problemas en juego. También sirven de introducción a la exploración de la experiencia
cubana, desplegada desde posturas bien distintas a las del neoliberalismo.

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