La seducción del electorado por la derecha

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La promesa fabulosa de la derecha cautivó a los electores.

Por Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista (VT)

Panamá es una nación asolada por la corrupción, la carencia de respuestas a las necesidades básicas y, particularmente, por la ausencia de propuestas y programas creíbles, confiables y viables.

El proceso electoral convocado en 2024: debió haberse convertido en laa oportunidad de evaluar oportunidades y superar condiciones de desigualdad. Al menos, eso esperaríamos en teoría, pero la realidad imperante difiere del enfoque lógico.

De ocho candidaturas presidenciales, siete representaban al esquema institucional cuestionado, reconstruían las causas del “status quo” y defendían condiciones rechazadas por la sociedad en duros y hasta sangrientos enfrentamientos de calle. Todo ello ocurría sin el debate previo de situaciones como el costo de la canasta básica, energía y medicamentos, la calidad de la educación y servicios de salud e infraestructuras públicas.

Lo anterior careció de importancia cuando una propuesta de base emanada del movimiento que luchó en las calles, es descartada y sumida en el fracaso electoral, sólo porque en los medios tradicionales se le etiquetó ”de izquierda”.

¿Qué elemento siniestro tiene la izquierda, que el elector, cual ganado, prefiere avanzar en ruta al matadero, sin siquiera evaluar la propuesta? Peor aún, en algunos casos, particularmente sectores con nivel educativo medio y superior, incluso la analizan y la encuentran correcta, viable y justa. Ha sido la mejor, sino la única alternativa, pero los votantes eligieron servir de mercancía al carnicero, en algunos casos a cambio de nada. ¿Cuán profunda es la condición enajenante y servil dejada por 500 años de colonialismo sobre nuestras tierras?

Luego del torneo electoral, es obligatorio analizar el escenario resultante, altamente confuso y conflictivo, donde es evidente el fortalecimiento de plataformas de dominación y explotación, tanto a nivel nacional como global, cuyo compromiso declarado se define a la luz de las nuevas autoridades y sus discursos distantes de las necesidades planteadas por la mayoría de la población. Peor aún, sin propuestas específicas de solución.

Todo ello resalta dentro de un paquete armónicamente estructurado que oferta condiciones de imposición, a través de las instituciones de seguridad y defensa de los intereses del sistema, con el beneplácito y el aval de fuerzas externas.

El punto de convergencia es impedir el desarrollo de las organizaciones sociales y las respuestas de beneficio colectivo a la población no participante del festín de la acumulación y el expolio. Caracterización que vuelve a chocar con el comportamiento electoral y el temor de optar por una propuesta al ser tildada o satanizada como de izquierda.

La elección del producto o el descarte por la etiqueta, sin valorar el contenido, es propio de un arraigo enfermizo para seguir transitando el mismo camino y suponer que cambiaremos el destino al que nos dirigimos, para luego cuestionar el resultado. Es hora de superar ese comportamiento, fruto del adoctrinamiento impuesto a sangre y fuego, por el imperio del individualismo y los intereses de elites “seleccionados por Dios” y apostar por una sociedad donde el colectivo elija en forma organizada y democrática el camino, la trocha, la ruta y el puerto hacia donde enrumbar la nave.

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