La República de Panamá y la crisis de “Occidente”

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Crisis global empeora (Ilustración: Shutterstock).

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

Por designios de la casualidad o de los poderes fácticos de la política global, Panamá fue parte de la transformación que estremeció el mundo en 1989, a saber, la invasión militar de Estados Unidos de América en territorio panameño y la caída del socialismo en Europa o del bloque político soviético, del pacto militar de Varsovia y del desmembramiento de la Unión Soviética.

En este país, en lugar de reemplazar el régimen militar autoritario por una “democracia moderna y social”, se impuso la plutocracia corrupta, antidemocrática y el clientelismo político. Mientras que a nivel global, el “mundo bipolar” que se derrumbó con la caída del campo socialista en Europa, fue sustituido en lugar de la multipolaridad real y de la democracia efectiva por gobiernos de oligarquías plutocráticas y autoritarias, y por la unipolaridad hegemónica de Estados Unidos. Asimismo, ha matizado ese empeño artificial con el imaginario geopolítico del “Mundo Occidental” o simplemente “Occidente”.

Es, este “mundo unipolar”, con pretensiones hegemónicas, el que atraviesa hoy por su crisis definitiva no acaba de irse lo viejo, ni termina de llegar lo nuevo‒, mismo que se dirime en la “guerra de Ucrania”. Lamentablemente, la nación y el pueblo ucraniano en este escenario de crisis global, son simples víctimas de la pugna geopolítica entre el anacrónico e imaginario “Occidente” (eje hegemónico, unipolar y militar) que se niega sucumbir y ha inventado una nueva “guerra fría” contra el terrorismo y el supuesto Oriente Primitivo y a contrasentido de la multipolaridad irrenunciable e inexorable de los pueblos amantes de la paz.

En otras palabras, ante aquel signo retrógrado, se erige la presente realidad de una composición planetaria multipolar, caracterizada por innovadoras y multifacéticas prácticas de la comunidad internacional, expresada con la existencia de, al menos, tres grandes polos de poder: el anglosajón (EEUU, Canadá e Inglaterra), el “Viejo Mundo” a partir de la Unión Europea (UE) y la alianza de países emergentes, encabezada por China, Rusia e India.

Esta nueva realidad de paz, cooperación y desarrollo entre las naciones; choca con el resurgimiento del armamentismo y los viejos estereotipos basados en el consumismo, el egoísmo y la exclusión de “Occidente”, que se niega a dar paso a ese mundo mejor, de coexistencia pacífica y de cooperación para el desarrollo; capaz de enfrentar el verdadero reto existencial del planeta Tierra, amenazado por el calentamiento global y el cambio climático.

En ese contexto global de confrontación bélica y de incertidumbre económica, se inscribe la lucha sobre el perfeccionamiento del Estado Nacional, para erradicar el desempleo de medio millón de angustiados panameños y panameñas; la falta de agua potable de forma regular en la mitad de los hogares del país; el clientelismo político y la corrupción pública que corroe los cimientos de la institucionalidad de la República; la injustica y desigualdad que convierte a un número plural de panameños en ciudadanos de segunda categoría; la ausencia de “Salud igual para todos”, y de una prometida Educación “estrella”, y no de una actual enseñanza estrellada, dañada en su estructura física y desactualizada en su calidad y excelencia académicas necesarias.

En pocas palabras, los habitantes de Panamá aspiramos a poder construir, entre todos, una comunidad nacional más humana, más solidaria, de pluralismo político e ideológico, neutral, de democracia participativa y de justicia social.

¡Así de sencilla es la cosa!

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