La perversión del poder político

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El sistema judicial en Panamá contribuye a la inequidad.

Por Miguel Antonio Bernal Villalaz
Abogado y docente universitario

Cuando un hombre acepta ser representado por otro, pierde su libertad”.

Rousseau

De nuestros días, como nunca antes, entregar todo el poder a los politicos nos limita e impide poder ser ciudadanos. Y, en Panamá, la cobardía ciudadana nos ha llevado a dejar a un lado la voluntad de vivir en común y en libertad.

Nuestro país, después de 21 años de dictadura militar, no ha logrado, a pesar de haber transcurrido casi 33 años de la invasión, alcanzar una gobernabilidad y una institucionalidad que no dependa sumisamente de los factores reales de poder dominantes,

Así las cosas, ni siquiera hemos sido capaces de que se cumpla plenamente lo que consagra el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”

El desafío de cambiar el sistema jurídico, político y económico impuesto por el regimen militar y sus civiloides, no se ha logrado a la fecha. Al contrario, hoy por hoy, la cacareada democracia no es tal y cada día le falta menos para quedar en manos de déspotas disfrazados de politicos, tal es el grado de perversion al que estos han llegado.

Desde que la voluntad del general remplazó a la voluntad general, la democracia no ha dejado de ser más y más corrompida de lo que estaba en el 68. La partidocracia, so pretexto que sin ella no hay democracia, ha logrado degradar a la ciudadanía, sus derechos y sus libertades, a tal punto que sin legitimidad alguna, han asfixiado los valores cívicos para imponer su falsos valores.

Es por ello, entre otras razones, por lo que “la política ya no entusiasma, ni emociona, ni congrega, ni convence. Incapaz de crear illusión, de aglutinar o de movilizar, cada día está más lejos de una población que solo encuentra pasión colectiva en el deporte y en unos pocos espectáculos”.

La perversión del poder político en Panamá, no escapa a la decadencia del mismo a nivel mundial. Solo que aquí, más que en muchísimos lugares, los politicos no han sabido, querido, ni podido, construir un país menos desigual, más justo, por su inagotable ser de poder y privilegios

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