La indigencia: el rostro oculto detrás de los rascacielos

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El número de indigentes aumenta en Panamá. (Foto: Radio Panamá).
“Aunque tú seas un ladrón, y aunque no tienes razón,
yo tengo la obligación de socorrerte.
Y por más drogas que uses y por más que nos abuses,
la familia y yo tenemos que atenderte”.
(Fragmento de Amor y Control. Álbum de estudio de Rubén Blades y Son del Solar, lanzado por CBS Records en 1992).

Por Paola Sánchez
Estudiante de Periodismo de la Universidad de Panamá

A pocas cuadras de la sede de la Alcaldía de Panamá, decenas de hombres y mujeres que perdieron su empleo durante la sindemia de Covid-19, aparecen tendidos en las calles que comunican a la Avenida Cuba y la Avenida Justo Arosemena. Ese grupo humano de desamparados sobreviven en un ambiente de indigencia, abandono y drogas.

Ese problema social en ascenso preocupa a profesionales y dirigentes de organizaciones humanitarias, quienes han solicitado en diversas ocasiones el diseño de políticas públicas dirigidas a la prevención y rehabilitación de personas que se encuentran en un estado de marginalidad y aislamiento.

La vicealcaldesa del distrito de Panamá, Judy Meana, reconoció en declaraciones a la televisora TVN Noticias (Canal-2), que “este problema le corresponde no sólo a la Alcaldía, sino que es interinstitucional”. Añadió que la Alcaldía trabaja en la construcción de un albergue valorado en más de tres millones de dólares y tendrá la capacidad para albergar a unas 250 personas que deberán ser rehabilitadas y orientadas en una nueva etapa de sus vidas.

Se estima que más de 500 personas sin hogar deambulan en las calles del distrito capital y duermen en zaguanes o debajo de puentes. Son llamados en forma peyorativa “piedreros”, muchos de los cuales hurgan en la basura y crean un problema de salud pública. En otras áreas del país, como la provincia de Panamá Oeste y el distrito de San Miguelito, también enfrentan este grave problema social con tendencia a agravarse.

Entre los factores desencadenantes del aumento de la indigencia en Panamá figuran la pérdida del empleo, la desigualdad, el desarraigo de las viviendas, lo conflictos barriales, la falta de afecto, el estrés, la destrucción del núcleo familiar y el consumo habitual de drogas que vulneran la seguridad y estabilidad del hogar.

Según revelan informes de Naciones Unidas, Panamá ocupa el primer lugar en el consumo de cocaína y alcohol en América Central y el Caribe. Este país cuenta con la Ley 275 (junio 2021), “Que crea el Programa Nacional para la Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de Jóvenes con Problemas de Adicciones”, pero los mecanismos actuales son insuficientes para frenar el tráfico, la venta al detal y disuadir el consumo compulsivo de drogas adictivas.

Hablan los expertos

El doctor Carlos Smith, especialista en adicciones, psiquiatría forense y básica del Instituto de Salud Mental, explicó que los seres humanos responden a cuatro pilares básicos: biológico, social, psicológico y espiritual, que “dan sentido a la vida”. Aclaró que si uno de esos pilares es afectado, los otros también recibirán un impacto en la vida de esas personas.

Smith destacó que para encarar la crisis económica que alcanza a Panamá y afecta a gran parte de la población, es necesario reconocer los factores macrosociales presentes y poseer un sentido de pertenecía a una estructura familiar y al trabajo. Añadió que ese sentido de pertenencia provee el componente para que los individuos se sientan útiles al mundo que los rodea.

No obstante, explicó que se necesitan herramientas adecuadas para construir la paz, la calidad de vida, las oportunidades y una vez que se construyen, para que no se vengan abajo, “hay que darles mantenimientos y seguimiento”.

Al respecto, la doctora Dora Whiteman, médico psiquiatra quien durante años ha atendido a pacientes afectados por las adicciones, señaló a Bayano digital que en Panamá hay varios centros de rehabilitación, pero los servicios ofrecidos en esas instalaciones tienen un costo de 500 dólares. La especialista estimó que ello representa una dificultad para los pacientes, porque ese costo del tratamiento debería ser asumido por el Estado.

La atención permanente a ese paciente evitaría que quienes acuden en busca de ayuda psiquiátrica no se conviertan en inquilinos de depósitos humanos. En otras palabras, debe existir un soporte permanente y el seguimiento de casos, bajo la aplicación de un enfoque científico dinámico y multisectorial.

Whiteman destacó que los indigentes que terminaron en las calles a causa de la droga, mantienen generalmente un vínculo con familias que los excluyeron a causa de los vicios. Recalcó que es necesario trabajar con todo el núcleo para fortalecer los lazos afectivos en hogares que necesitan ser reparados.

Además, hizo un énfasis en un libro “como si fuera un loco” de Carlos Restrepo, un psiquiatra (colombiano), en el que se analiza la compleja situación que vivió Colombia hace 20 años. Restrepo plantea en su libro que para un indigente era más fácil declarase loco, estar en un hospital psiquiátrico o recluido en una cárcel porque ahí podían comer los dos o tres golpes de comida al día, que estar en las calles alimentándose de la basura.

La sociedad no debe descartar a los indigentes. (Foto: La Estrella de Panamá).

Mujeres al borde del abismo

La psicóloga general sanitaria española, Imma Ribé, especialista en Adicciones, publicó en Internet un artículo sobre el tema. En esa nota subrayó: “las mujeres sufren más desprecio e intolerancia que los hombres cuando caen en esta enfermedad del alcoholismo”. Adujo que ellas reciben una mayor sanción social y tienen mayor sentimiento de vergüenza y desvalorización personal que los hombres alcohólicos. Esa realidad las lleva a ocultar más su consumo y restringe sus posibilidades de pedir ayuda profesional.

Para conocer mas a fondo del deterioro social que induce a la indigencia, Bayano digital tomó contacto con la organización no gubernamental Alcohólicos Anónimos en la provincia de Panamá Oeste. Varias personas que son asistidas para vencer su adicción al alcohol coincidieron en resaltar que ven ahora una oportunidad en sus vidas, luego de “tocar fondo” a causa del abuso del alcohol.

Los testimonios recogidos en ese centro de rehabilitación apuntan a reconocer el consumo de drogas como un problema que puede ser revertido como el apoyo familiar y la solidaridad. Cada persona rehabilitada sabe que puede volver atrás y recaer, por lo que debe mantenerse lejos de los vicios y esforzarse en alcanzar un objetivo saludable cada día, durante toda su vida.

Recomendaciones

De los testimonios obtenidos y lo recorridos realizados en las calles, se puede concluir que Panamá necesita mejorar los niveles de prevención en el consumo de drogas, así como insistir en el diseño de programas eficaces para recuperar a indigentes abandonados en los callejones de los centros urbanos.

La apuesta por la Cultura y la Educación ayudarán a construir un país integrado y justo. En ese sentido, podría ser de gran valor un debate nacional sobre lo mecanismos de Estado que sirvan para crear una conciencia pública y política solidaria sobre la magnitud del problema, así como resolver las limitaciones de recursos y promover iniciativas con alto potencial de impacto social que incorporen a los municipios y a las organizaciones comunitarias.

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