La experticia de la burgoligarquía para escamotear las victorias populares

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La refundación del Estado se perfila como tarea nacional. (Foto: PL).

Por Ing. PhD Carlos Lorenzo

«Señores: no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo».
Bertolt Brecht

La burgoligarquía comerciante, financiera y vacuna ha acumulado a lo largo de muchos años una amplia experiencia y alta capacidad de maniobra para escamotear contundentes victorias populares y patrióticas en la República de Panamá. La historia social y política así nos lo revela:

1. En 1925, contra el avance de nuevas fuerzas sociales, a la cabeza de las cuales estaba el Sindicato General de Trabajadores y la Liga de Inquilinos y de Subsistencia, que se enfrentaban al alza de los alquileres que favorecían a la poderosa fracción de la clase dominante que integraban los casatenientes; el presidente Rodolfo Chiari, el ministro de Relaciones Exteriores, Horacio Alfaro, y el alcalde capitalino, Mario Galindo, demandaron la intervención de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la que se ejecutó entre el 12 y el 23 de octubre del mismo año. La heroica jornada del Movimiento Inquilinario se saldó con la feroz represión, encarcelamiento y deportación de gran número de dirigentes populares y patriotas. No obstante, el impulso del Movimiento nutrió el rechazo del Tratado Alfaro-Kellogg, en 1926, y las luchas inquilinarias de los años 30.

2. El 2 de enero de 1931, Acción Comunal, organización política integrada fundamentalmente por la pequeña y mediana burguesía, profesionales y burócratas, consumó el primer golpe de Estado de la República mediatizada, contra la corrupción y el nepotismo del gobierno de Florencio Harmodio Arosemena. Pese a ello, a caballo de las debilidades congénitas del movimiento, el mismo día del golpe comenzaron a operar las elites dominantes, conjuntamente con la Embajada norteamericana en Panamá, e impusieron como presidente a Ricardo Joaquín Alfaro, de puro linaje oligárquico, para escamotear el triunfo de Acción Comunal. Ese día 2 de enero de 1931, en palabras de uno de sus protagonistas: «la revolución fracasó», «El movimiento se escindió (…) se perdió la cohesión, se perdió la unidad» (V.F. Goytía).

3. En las condiciones históricas, sociales y políticas entonces prevalecientes, en las décadas del 30 y del 40 de la pasada centuria, emergieron organizaciones y fuerzas sociales nuevas y capaces de retar el poder de la clase dominante. Se trataba, fundamentalmente, de la expansión de la pequeña y mediana burguesía productiva y no productiva, burócratas y profesionales libres, estudiantes, obreros, organizados en diversas agrupaciones como la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), el Frente Patriótico de la Juventud, el Magisterio Panameño Unido, la Asociación Nacional de Profesores, la Unión Nacional de Mujeres, el Partido Comunista, el Partido Socialista, entre otros. Fueron aquellas organizaciones y movimientos sociales los que abanderaron las luchas nacionales y políticas, en especial, el rechazo al convenio de bases militares, en 1947, negociado por el canciller Ricardo J. Alfaro y el general Frank T. Hines, embajador de Estados Unidos y firmado entre aquel jefe diplomático y el ministro encargado, Francisco Filós. Las concesiones lesivas y desmedidas que hacía el gobierno de Enrique A. Jiménez a la potencia norteña, a cambio de precarias compensaciones mercuriales, llevaron a multitudinarias movilizaciones populares que condujeron al repudio general y al rechazo del tratado.

4. Desde los años 40 y 50 se fue configurando una estrategia con dos variantes, aparentemente contradictorias, pero coincidentes en el objetivo común de mediatizar y aniquilar al creciente movimiento popular y patriótico. Por un lado, una variante Xenófobo-populista liderada por el Dr. Arnulfo Arias Madrid, que concita la adhesión de importantes segmentos populares urbanos y del campesinado, así como de capas medias, tras banderas aparentemente nacionalistas frente a Estados Unidos y algunas medidas demagógicas como la nacionalización del pequeño y mediano comercio, que pasó a manos de la oligarquía, incluyendo a algunos elementos del entorno familiar del propio Arnulfo Arias. La segunda variante alineada con los intereses norteamericanos, consistió en la militarización de la Policía Nacional, comandada por dos prestantes representantes de la clase dominante, a saber, José A. Remón y Bolívar Vallarino. Esa variante desembocó en la instauración de una política represiva contra las organizaciones y dirigentes populares que luchaban por reivindicaciones sociales y patrióticas. Fueron declarados fuera de ley unos y encarcelados y exiliados los otros. Esa política represiva, macartista, contra un supuesto enemigo interno, sobrevivió hasta el golpe de Estado militar de 1968.

5. No obstante, a contrapelo de la represión, en los años 50, se libraron importantes jornadas por la democratización de la Educación, por mejores condiciones de existencia y por la soberanía nacional, las cuales marcaron la ruta hacia la insurrección popular anticolonial de enero de 1964 y el rechazo a los tratados entreguistas de 1967 («Tres en uno»). El impulso de la insurrección de 1964 está en la base social y política de las negociaciones que en los años 70, bajo el liderazgo del general Omar Torrijos, condujeron a la abrogación definitiva del Tratado Hay-Bunau Varilla, la liquidación del enclave colonial, la recuperación de los recursos de la nación y la soberanía sobre todo el territorio nacional.

6. A partir del asesinato del general Omar Torrijos, acaecido el 31 de julio de 1981, la burgoligarquía y el imperialismo orquestaron el más soez y criminal escamoteo de los logros alcanzados y de las posibilidades del mayor uso colectivo de los recursos recuperados, a través de un plan de desarrollo integral y sostenible; escamoteo en cuya operacionalización no tuvieron el menor escrúpulo en ejecutar la intervención militar norteamericana, que causó miles de patriotas muertos y desaparecidos, miles de heridos, barrios e infraestructuras destruidas, con miras a la restauración de la hegemonía de la burgoligarquía, la consolidación del modelo neoliberal transitista y el sometimiento del Estado nacional a los intereses imperiales de Estados Unidos.

7. El escamoteo de la burgoligarquía de 1989 sólo es comparable con el que esos mismos actores protagonizaron contra el liberalismo popular, al firmar el Tratado de Winconsin, de 1902, que puso fin a la Guerra de los Mil Dias y el fusilamiento del general Victoriano Lorenzo, mediatizando el proyecto histórico de independencia nacional.

8. En la coyuntura social y política de hoy, sobre el movimiento popular y patriótico, plural, heterogéneo, diverso, se ciernen una vez más las amenazas de escamoteo por la experimentada burgoligarquía, aliada a las transnacionales y a la geopolítica norteamericana, apostando a dividirlo, confundirlo, embaucarlo e imponerle a uno de los seis candidatos representantes de la elite comerciante y financiera hegemónica en las elecciones presidenciales del 5 de mayo de 2024.

¡Ojo pueblo panameño: la burgoligarquía es tramposa!

Panameños marchan contra el contrato minero. (Foto: PL).

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