La Asamblea Nacional de lumpen diputados

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El diputado Benicio Robinson durante un debate en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

”Cuando los que mandan pierden la vergüenza los que obedecen pierden el respeto”.

Georg C. Liechtenberg,
científico y escritor alemán

”A mí me eligieron y a usted la pusieron de a dedo, así que usted me va a respetar…Tengo siete períodos de estar aquí”. Estas fueron las palabras con las cuales fue sellado el patético, cobarde y bochornoso acto escenificado recientemente en la Asamblea Nacional, por el lumpen diputado Benicio Robinson.

La reprochable conducta de quien también es presidente de la Comisión de Presupuesto del Órgano Legislativo, por varios períodos y presidente de la entelequia política denominada Partido Revolucionario Democrático (PRD), en nombre del cual gobierna una pandilla de chacales –con el perdón del animal-  contra una dama, la Viceministra de Salud, doctora Ivette Berríos, quien estaba en la Comisión como “invitada” para sustentar un traslado de la partida presupuestaria del Ministerio de Salud; no sólo retrata de cuerpo entero la imbecilidad política del parlamentario de marras, sino, sobre todo, la inviabilidad del actual sistema político colapsado y desprestigiado que solo reproduce la corrupción, la ingobernanza e ingobernabilidad en la República de Panamá.

La casa de Justo Arosemena, duele decirlo, ha sido convertida por politicastros de poca monta en un verdadero “nido de ratas”. En lugar de un órgano de contrapeso y de fiscalización de los otros órganos del gobierno, es el “patio limoso” del chantaje, de la recreación del clientelismo político, así como hogar o “cuartel de invierno” de decenas de miles de parásitos de la Hacienda Pública.

La pusilanimidad y decrepitud del mandatario de turno ha dado paso al gobierno de los lumpen diputados. Un escándalo le sigue al otro, mientras que del recinto parlamentario no sale una sola Ley para atender las acuciantes necesidades y carencias del pueblo panameño, particularmente del ciudadano de a pie.

Todos los días se escuchan gritos desesperados y desgarradores de los pobladores de la mayoría de las comunidades del país, por la carencia de agua potable, por el pésimo estado de las calles y avenidas, por la ausencia de perspectivas económicas, de empleo decente, de seguridad ciudadana y, más recientemente, motivado por el inicio de clases de los estudiantes del país, la queja reiterada de todos los años: el mal estado de las escuelas y colegios, en las que, entre otras deficiencias, se encuentra el 20%, unos aproximadamente 700 centros educativos,  que no cuentan con agua potable dispersos en toda la geografía nacional.

Se trata, sin duda, de un Estado devorado por hienas políticas insaciables de dinero mal habido; de  un sistema político y de una “clase política” postrada por el cohecho.

El régimen de la plutocracia corrupta y clientelar entró en metástasis política, ha corroído los cimientos de la Nación, ha parido dos generaciones “glaciales” y,  la nación, el pueblo, únicamente cuenta con dos opciones de cambio: Pacíficamente, mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. O, violentamente, a través de la “rebelión de las masas”.

¡Así de sencilla es la cosa!

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