Investigan en Panamá el bosque más nublado de Centroamérica

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Los bosques nubosos de la Reserva Hidrológica de Fortuna albergan casi tantas especies de árboles como todo Estados Unidos. (Crédito: Steve Paton).

STRI

La Reserva Hidrológica Fortuna alberga un tercio de las especies de árboles de Panamá, una variedad de hongos que esperan ser descubiertos y un gran potencial para contrarrestar el calentamiento global.

Atravesando la división continental, cerca de la frontera entre Panamá y Costa Rica, se encuentra el lugar más nublado de América Central: la Reserva Hidrológica Fortuna, un bosque tropical de tierras altas con casi tantas especies de árboles como todo Estados Unidos. Con nuevas especies y nueva información importante sobre el almacenamiento de carbono de esta pequeña área de 19,500 hectáreas/75 millas cuadradas de naturaleza silvestre casi intacta continúan sorprendiendo a los investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), que han estado estudiando la vegetación, los suelos, los insectos, los microbios, anfibios y la vegetación de Fortuna durante varias décadas.

Jim Dalling, investigador asociado de STRI, ecologista de la Universidad de Illinois-Urbana Champaign, ha explorado el bosque montano de Fortuna durante 25 años. En un esfuerzo por comprender cómo los factores ambientales determinan la distribución de las especies de plantas en las montañas tropicales, midió las tasas de crecimiento de más de 30 mil árboles en una variedad de condiciones del suelo.

“Hay 891 especies de árboles, que es el 30 por ciento de las especies en todo Panamá”, comentó Dalling, durante un seminario web reciente de STRI. “En todo Estados Unidos hay 950 especies de árboles. Esta diversidad se debe a la variación extrema del clima. La mezcla de especies de tierras bajas y altas genera más diversidad”.

En elevaciones más altas y temperaturas más frías, las comunidades de árboles tienen diferentes estrategias de supervivencia que en las tierras bajas. Comprender esto es crucial para determinar cómo los bosques montanos están respondiendo al cambio climático: a medida que las nubes se forman en elevaciones más altas, las temperaturas más cálidas pueden estar contribuyendo a las migraciones de especies.

Los bosques de Fortuna han sido un importante campo de entrenamiento para estudiantes de la Universidad de Panamá y UNACHI (Universidad Autónoma de Chiriquí) en Panamá Occidental, a través de cursos de campo, becas y pasantías. Más de una docena de proyectos de investigación han sido desarrollados en estos bosques montanos por estudiantes locales de licenciatura, maestría y doctorado bajo la tutela de Dalling.

Entre las nuevas especies que aún esperan ser descubiertas en Fortuna se encuentran una gran cantidad de hongos. Varios de ellos han sido descritos recientemente por Adriana Corrales, una ex becaria de STRI que realizó una investigación en el laboratorio de Dalling.

“Hay muchas especies de hongos no descritas a nivel mundial, y particularmente en los bosques tropicales que tradicionalmente han sido poco estudiadas”, comentó Corrales, ahora miembro de la facultad del Departamento de Biología de la Universidad del Rosario en Colombia. “Esperamos que los bosques montanos de Panamá alberguen una gran diversidad de hongos desconocidos para la ciencia”.

En un artículo publicado el año pasado en Frontiers in Microbiology, se documentaron siete especies del género Laccaria de Fortuna. Tres de ellas eran nuevos: Laccaria dallingii sp. nov., L. nitrophila sp. nov. y L. fortunensis sp. nov., todos son hongos micorrízicos: viven en las raíces de las plantas y les ayudan a absorber los nutrientes. La mayoría de ellos se encontraron en las raíces de especies arbóreas de la familia de las nueces, Oreomunnea mexicana, que abunda en la reserva hidrológica.

Desde el 2013, sólo se han descrito tres nuevas especies de Laccaria en el neotrópico, de las 22 nuevas especies descritas en todo el mundo. Y solo se conocen alrededor de 75 especies de Laccaria, por lo que la investigación de Corrales ha avanzado el conocimiento de la diversidad de Laccaria en el mundo y en América Central en particular. También explora cómo los hongos micorrízicos pueden haberse diversificado después de la formación del Istmo de Panamá, en un nuevo estudio publicado en Mycologia.

Bosque de Oreomunnea mexicana en Fortuna. (Crédito: Clark Ovrebo).

Otro descubrimiento sorprendente fue realizado por Cecilia Prada, una ex estudiante de doctorado de Dalling. Descubrió que los bosques de Fortuna almacenan de dos a tres veces más carbono de lo que se había calculado anteriormente con la tecnología LiDAR, que se realiza sobrevolando un área y mide la biomasa de los árboles haciendo rebotar una luz láser en el bosque.

Las estimaciones de Prada, que incluían carbono en los suelos, madera en descomposición y árboles vivos, muestran que los bosques de Fortuna almacenan hasta 10 millones de toneladas de carbono. Esto es tres veces la cantidad de carbono que las unidades de aire acondicionado, los automóviles y la deforestación de Panamá liberan a la atmósfera cada año, lo que demuestra claramente el potencial de los bosques nubosos para compensar las emisiones que causan el calentamiento global.

Debido a la pandemia, la estación de campo de STRI en Fortuna permanece cerrada para los científicos visitantes, pero los investigadores esperan ansiosamente continuar explorando este hábitat único.

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