Injusticias mundiales que conducen al hambre

Al instaurar y defender reglas injustas, los países del Norte contribuyen a la malnutrición en Asia, África y América Latina.

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Un bebé llorando a la espera de alimento en un centro de nutrición apoyado por UNICEF en Fort Dauphin, Madagascar, septiembre de 2015. La isla fue golpeada por una sequía que generó una grave crisis alimentaria. Keystone / Shiraaz Mohamed.

Por Sibilla Bondolfi
Doctora en derecho y periodista.

Swissinfo.ch

Guerras, desastres naturales, mala gobernanza: algunas de las causas del hambre pueden atribuirse a la situación del país afectado. Sin embargo, también hay deficiencias sistémicas, injusticias y desequilibrios de poder e interdependencias que obstaculizan el desarrollo de las regiones más pobres del mundo o conducen directamente al hambre.

Cumbre de la ONU sobre sistemas alimentarios

Tomemos el ejemplo de la especulación alimentaria: cuando los inversores de Suiza compran arroz en las bolsas de valores para venderlo más tarde a precios más altos, la gente de los países del Sur ya no puede permitirse ese alimento básico. Examinamos a continuación los desarrollos indeseables más importantes con respecto a la alimentación mundial.

Animales que comen la comida de la gente

En los países industrializados, y cada vez más en los países emergentes, se consume demasiada carne. Los animales comen el forraje que debe ser cultivado durante meses. Por esta razón, la producción de carne utiliza significativamente más suelo y agua que la producción de cereales, verduras o legumbres para obtener valores nutricionales comparables. Además, los animales de granja emiten gases de efecto invernadero y contribuyen así al cambio climático.

Una de las mayores injusticias de nuestro tiempo es el cambio climático: mientras que los países ricos han contribuido más al cambio climático con sus emisiones de CO2 desde la industrialización, los países pobres son los que sufren más los efectos, como la erosión del suelo, la escasez de agua y las sequías, todo lo cual conduce a la pérdida de cosechas.

Desperdicio de alimentos importados

Una tercera parte de los alimentos producidos en el mundo son arrojados a la basura. En los países del Sur, los alimentos a menudo se echan a perder después de la cosecha debido a un almacenamiento inadecuado, la falta de instalaciones de refrigeración o una infraestructura de transporte inadecuada. En los países ricos del Norte, por otro lado, muchos consumidores son lo suficientemente ricos como para tirar parte de su comida a la basura.

“Los alimentos son trasportados al otro extremo del mundo y ahí son desperdiciados”, deplora Yvan Schulz de la Fundación Suiza para la Cooperación al Desarrollo Swissaid. Para él, el desperdicio de alimentos es una de las fallas de los sistemas alimentarios actuales que conducen a la pobreza y al hambre.

El desperdicio de alimentos es particularmente ofensivo cuando los alimentos desperdiciados han sido importados de países donde las personas sufren de desnutrición. “Hay mucha tierra que no se usa para alimentar a la población local, sino para productos de exportación como el banano, café, cacao o aceite de palma, que terminan en el mercado internacional”, explica Schulz. “Así que los agricultores dependen de las fluctuaciones de precios en los mercados internacionales. Cuando las cosas van mal, no tienen suficiente dinero para ir a la ciudad más cercana a comprar comida”. Nadie se cansa del aceite de palma ni del café, añade.

“Los humanos necesitan diferentes alimentos para nutrirse. Ni siquiera las papas son suficientes por sí solas”, dice Schulz. Entonces, el sistema de exportaciones e importaciones puede provocar hambre. Según Schulz, sería importante producir localmente e independizarse de las cadenas de suministro. Las ganancias permanecerían también en el propio país y no serían transferidas a países ricos a través de grandes empresas con sede en Europa o Estados Unidos.

Acaparamiento de tierras

La situación se vuelve particularmente problemática cuando las corporaciones o los inversores internacionales compran tierras fértiles a gran escala y producen materias primas o biocombustibles para la exportación.

Según Schulz, las corporaciones no tienen ningún interés en producir alimentos para la población local, ya que su poder adquisitivo es muy bajo. Un kilo de café se puede vender en Suiza por muchas veces lo que se obtendría por un kilo de tomates en Colombia.

Parte del problema es que muchos países no regulan la utilización de los bienes y de la tierra. “En Suiza, la ley de las tierras de los agricultores garantiza que sólo estos pueden comprar tierras y no las empresas, lo que no sucede en la mayoría de los demás países”, señala la parlamentaria Christine Badertscher, miembro del Partido Verde y de la junta de Swissaid.

Los pequeños agricultores de los países del Sur compiten con las grandes empresas internacionales. El sistema de comercio mundial pone a los más pequeños en desventaja.

“Los acuerdos comerciales son generalmente injustos, los países ricos y las corporaciones internacionales se aprovechan de los países del Sur», dice Schulz. Los países en desarrollo exportan principalmente materias primas. Debido al desequilibrio estructural del poder, los productores del Sur a menudo tienen que vender a precios demasiado bajos porque tienen que ganar dinero rápidamente, según Schulz.

Y no sólo eso: gracias a las subvenciones, aranceles y estándares de productos, los países industrializados pueden ofrecer sus propios productos a bajo precio en el mercado mundial. Por lo tanto, los productores locales ni siquiera son competitivos en su propio mercado, a pesar de los menores costos de producción. “Los países occidentales a veces destruyen los mercados locales con productos subvencionados”, afirma Schulz.

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