Ingenuidad política y conspiración en tiempos de pandemia

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Protesta frente a la Parrillada Jimmy, en la capital panameña. (Foto: Telemetro).

Por Ramiro Vásquez Ch.
Activista social

Lo ocurrido el jueves de esta semana en la operación “Parrillada Jimmy”, da pie para algunas reflexiones. Es obvio que fue una respuesta de los grupos creados, entrenados y financiados por los círculos que actúan para postrar la gestión gubernamental e impedir que sus iniciativas amenacen el poder oligárquico.

Esa acción fue una regalada oportunidad, fruto de la extrema y absurda ingenuidad y la falta de un plan de lucha de las fuerzas del Partido Revolucionario Democrático (PRD). Esa operación opacó la iniciativa de moratoria aprobada por la Asamblea Nacional de Diputados para defender los intereses de esas mismas capas medias que se movilizaron en las acciones planteadas en las redes y en los “cacerolazos” fuera del restaurante.

El PRD, el de los Órganos Ejecutivo y Legislativo y su aparato, no ha identificado a las fuerzas que están actuando en esta crisis, empujada por la pandemia, sus propósitos y su decisión de defender a toda costa el modelo de poder que se ha agotado y que, necesariamente, debe ser modificado.

Las fuerzas sociales y políticas que pudieran coincidir con la necesidad de ese cambio, que se irán expresando en la medida que se profundice la crisis, no necesariamente irán tras el discurso del Gobierno y del aparato del PRD.

Por ello, importan las razones del “cacerolazo” de la Parrillada Jimmy. Son fuerzas frescas, que operan con acciones ya experimentadas en muchos países, para el control de las mentes y emociones, sobre todo de las capas medias. Su objetivo es evitar que ese descontento sea encabezado por los sectores políticos más progresistas, así como aislar al Gobierno de esa posibilidad y llevarlo a una claudicación.

Al colocar a la defensiva a las fuerzas de apoyo concentradas en el PRD, tal como reaccionaron frente a esa provocación, corremos el peligro de que la solución a la crisis sea generada desde posiciones ultraconservadoras. Una victoria de esas fuerzas significará la derrota estratégica de quienes aún creemos en un Estado, democrático, participativo, de justicia social. O sea, de un Estado humanista, soberano y de bienestar.

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