Golpe militar del 11 de octubre de 1968: Fases del régimen castrense y rasgos populistas del “gobierno revolucionario“ de Omar Torrijos

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General Omar Torrijos Herrera.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

Con motivo del aniversario número 54 del ascenso de los militares al poder —Golpe de Estado militar del 11 de octubre de 1968 que se extendió hasta la pulverización de las Fuerzas de Defensa (FFDD) por la invasión a Panamá y genocidio del pueblo panameño a manos de los soldados y máquinas de guerra del ejército de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989—, me permito hacer una división política de las diferentes fases del régimen castrense de 21 años y una caracterización del período que yo he denominado populista.

Atendiendo al “poder real”, por supuesto, del jefe castrense de turno, podemos dividir este período de la vida republicana en cinco fases:

1. Fase de la diarquía (11 de octubre de 1968 al 24 de febrero de 1969, durante el cual el Coronel Omar Torrijos compartió el poder con el Mayor Boris Martínez, coautor del golpe militar).

2. Fase del liderazgo populista de Omar Torrijos Herrera (1969- 1981).

3. Fase del “Comandante de la Dignidad” Florencio “Chito” Flores Aguilar, quien asumió la jefatura de la Guardia Nacional a raíz del asesinato del general Omar Torrijos mediante una conspiración orquestada por la CIA estadounidense, desde julio de 1981 a marzo de 1982, cuando fue depuesto por el coronel Rubén Darío Paredes Del Río.

4. Fase del “concubinato escandaloso” de la Guardia Nacional con fracciones políticas de la Oligarquía, etapa durante la cual el comandante de turno intentó reeditar la hazaña del coronel José Antonio ”Chichi” Remón Cantera, de mediados del siglo pasado; de trasladar el pode real de la “avenida A” hacia el Palacio de Las Garzas, y que se cerró con la tragicomedia de “buen salto Rubén”.

5. Fase de la dictadura militar del general Manuel Antonio Noriega (1983-1989). Desde que reemplazó a Paredes al mando de la Fuerza Pública hasta la agresión militar estadounidense a Panamá.

Para el principal teórico del populismo Ernesto Laclau, quien a lo largo de su obra “La razón populista” 2005, ensaya distintas conceptualizaciones, a mi juicio, la más pertinente para el presente trabajo es aquella que indica: “el populismo es un modo de construir lo político… El populismo no es un tipo de movimiento –identificable con una base social especial o con una determinada ideología— sino una lógica política”, cuyo referente es el “sujeto político global” (líder carismático) capaz de sintetizar las distintas “demandas democráticas”, desoídas por las cúpulas tradicionales oligárquicas liberales y neoliberales y convertirlas en “demandas populares”.

En el contexto nacional, el historiador Juan D. Mendoza P. aborda este fema en su tesis de maestría “Desarrollo populista: Dr. Arnulfo Arias Madrid“. Allí define el populismo como “un conjunto de movimientos políticos característicos de América Latina, con un programa que pretendió reformar la estructura agrominera exportadora, promoviendo la industrialización y la integración social. Agrega el estudioso nacional: “en la academia del populismo panameño, parece haber una tendencia a identificar a Belisario Porras, Arnulfo Arias y a Omar Torrijos como los líderes más carismáticos y populares de Panamá, con algunas o muchas características de liderazgo populista”.

En la segunda fase del liderazgo personal del general Omar Torrijos Herrera, que va de 1969 a 1981, es donde se incuba y se desarrolla el populismo torrijista. Algo más de dos años y medio le tomó —1969 a 1971— a Omar Torrijos, realizar los preparativos de las nuevas nupcias de la Guardia Nacional con el pueblo panameño esto lo hizo mediante el denominado “patrullaje doméstico” procurando identificar la realidad material del panameño de a pie y su palpitar nacional.

En efecto, la “hoja de ruta” del populismo fue expuesta en el discurso del general Omar Torrijos Herrera el 11 de octubre de 1971, en una multitudinaria concentración popular de más de 100.000 “almas”. Luego de un breve examen del miserable nivel de vida de los panameños más humildes, de la debacle del sistema de la oligarquía liberal y del estatus colonial, propuso el programa populista torrijista del gobierno de la “Revolución Panameña”: “Un Código que humanice las condiciones de trabajo” (Código de Trabajo de 1972); anuncia el inicio de las negociaciones de nuevos tratados del Canal con los Estados Unidos (Tratados Torrijos Carter de 1977); “Una magna Asamblea de 500 hombres que no se venden, que no aceptan el cohecho que no aceptan el engaño” (Poder popular); “actualización” de la Carta escrita (Constitución de 1972); Omar Torrijos se declara “general de la revolución, para unir bajo una sola bandera, bajo un solo estandarte a un millón cuatrocientos mil panameños” (Líder carismático).

El programa populista torrijista fue truncado con la muerte del general Omar Torrijos, a raíz de su asesinato el 31 de julio de 1981, cuando los generales ambiciosos apartaron el “proceso revolucionario” y a su instrumento político (PRD) de “La Línea”, trazada desde 1978 para el retiro de los militares a los cuarteles y que las fuerzas civiles del proceso revolucionario enfrentaran electoralmente a las fracciones y entelequias políticas de la oligarquía liberal en mayo de 1984. Al respecto dijo Omar: “Debemos estar programando el recorrido de una ruta de 600 kilómetros que son los seis años al término de los cuales se nos va a poner a competir en las urnas”.

Finalmente, los clavos al ataúd político del proyecto populista torrijista fueron puestos cuando politicastros inescrupulosos post invasión trocaron los principios social democráticos y torrijistas, del otrora partido de Omar —cual flautistas de Hamelín— por el “sonido de las cajas registradoras” del poder económico.

¡Así de sencilla es la cosa!

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