Geóloga canadiense descubrió el “agua más vieja” de la Tierra en Ontario

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La profesora Barbara Sherwood Lollar. (NSERC / Martin Lipman).

Por Pablo Gómez Barrios | amlat@rcinet.ca

El descubrimiento del agua más vieja de la Tierra se debe al trabajo de la geóloga Barbara Sherwood Lollar, profesora en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Toronto. De hecho, la profesora Sherwood Lollar recibió la medalla de oro Gerhard-Herzberg en Ciencias e Ingeniería por este descubrimiento.

Ella hizo el descubrimiento del agua más antigua de la Tierra, que tendría alrededor de 2.000 millones de años en la mina de Kidd Creek de Timmins, provincia de Ontario, situada entre 2.4 y 3 kilómetros bajo tierra.

Barbara Sherwood Lollar ha trabajado sobre este tema durante varios años en varios lugares de lo que se conoce como el Escudo Canadiense (Bouclier Canadien en francés), también conocido como el Macizo del Labrador, un gran sector del territorio canadiense compuesto de roca desnuda que data de la época precámbrica. La profesora nos explica que ha estado rastreando la vida subterránea en Sudamérica y Sudáfrica, entre los macizos más antiguos del mundo que datan de varios billones de años.

Ella y su equipo se encontraban explorando a 3 kilómetros bajo tierra a la búsqueda de microbios en el Macizo sudafricano y allí encontraron agua muy antigua que databa de unos 10 millones de años, más o menos. Y fue así como pensó que probablemente también se podía hacer la misma búsqueda en el macizo canadiense.

Sobre todo, porque ya ella sabía que las rocas del macizo canadiense y de las minas de Timmins, Ontario, databa de 2.700 millones de años. El lugar se ha preservado muy bien. Y entonces ella se dijo que, si habían encontrado agua vieja de millones de años en Sudáfrica, quizá podían encontrar agua vieja de miles de millones de años. Y la encontraron. Ella explica a qué se parece esta agua.

La profesora Sherwood Lollar dice que cuando el agua se libera de las fracturas rocosas y entra en contacto con el aire, en ese momento preciso cambia de color. Cuando sale de la roca el agua es clara, pero al contacto con el oxígeno, los metales presentes en el agua comienzan a oxidarse haciéndola cambiar de color y se vuelve de un color más anaranjado o amarillo.

Esta agua no es potable, pero no es tóxica para el ser humano, pero tiene un olor nauseabundo y es muy salada. En consecuencia, es mejor no beberla. Esta “agua vieja” contiene metales y azufre. Contiene también helio, argón, neón, criptón y xenón. De hecho, contiene todos los tipos de metales que los microbios son susceptibles de utilizar para su metabolismo.

Y como ella lo explicaba antes, no son microbios fruto de la fotosíntesis, sino de microbios que se alimentan con la energía que se encuentra en las profundidades de la tierra. En otras palabras, que se alimentan con la energía que se produce con la reacción entre las rocas y el agua. Estos microbios se alimentan entonces de nitrógenos, hierro y el azufre y de esta forma pueden existir sin que necesiten para ello de la energía solar.

Cabe señalar que disueltos en el agua se encuentran también gases como el hidrógeno, gas carbónico y la mezcla de todos estos elementos forman una especie de “sopa prebiótica” en la que los microbios pueden vivir. ¿Pero es que esta agua podría contener rastros de los primeros signos de la vida en la Tierra?

La profesora Sherwood Lollar dice que la importancia de este descubrimiento para la ciencia radica sobre todo en que ayuda a comprender la vida en otros planetas. Ella dice que si se quiere saber si hay o hubo la vida sobre Marte, hay que hacer ensayos y saber cómo buscar rastros de la vida en las profundidades de otros planetas. Y para comprender el fenómeno hay que hacer primero pruebas similares aquí en la Tierra y así se podrán hacer las pruebas en los otros planetas.

Para la profesora Barbara Sherwood Lollar, la próxima etapa es seguir buscando la vida aquí, bajo tierra, en esas aguas subterráneas no sólo en Timmins, Ontario, sino por todos lados en el mundo para comprender la diversidad de la vida en la Tierra. Y no sólo en la superficie, sino en las profundidades mismas de nuestro planeta.

(Franco Nuovo entrevistó a la profesora Barbara Sherwood Lollar).

(Foto: Université de Toronto).

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