Francisco celebra con la juventud del mundo

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El sumo pontífice reunido con los jóvenes.

Por Marco A. Gandásegui, hijo
Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

El papa Francisco llegó al istmo de Panamá con un mensaje para la juventud mundial que se reúne en la capital centroamericana. Pero hay otros que quieren sacar su tajada del evento, incluyendo los empresarios, los políticos, la misma jerarquía de la Iglesia local y otros. Francisco insistió en que el evento era de la juventud, sector social llamado a ser portadora de los cambios a nivel mundial.

El papa Francisco preparó sus misas (sobre una tarima que costo varios millones de dólares) que celebró en medio de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que organizó en la ciudad de Panamá la Iglesia católica. Millares de peregrinos estuvieron presentes. La enorme concurrencia ha sido aprovechada por los comerciantes de la localidad y, además, por gobernantes que esperan recibir beneficios políticos más adelante.

La Iglesia panameña y centroamericana ha perdido la oportunidad de convertir el evento en una asamblea donde los jóvenes pueden debatir los problemas mundiales, locales y, también, de la Iglesia. La alegría de los “peregrinos” y de los jóvenes panameños ha contagiado a todos quienes en estos tiempos sombríos se han olvidado, en parte, de sus problemas.

La pregunta que debe ser objeto de análisis es ¿por qué vivimos en tiempos de incertidumbre, en sociedades donde prevalece la pobreza o en países que viven permanentemente amenazados por intervenciones militares o cuyas economías son sistemáticamente desestabilizadas?

Tanto desde su balcón que da hacia la Plaza San Pedro como en sus encuentros con jóvenes en todos los rincones del mundo, sus palabras han reiterado que el espíritu revolucionario tiene que impregnar el pensamiento y acción de aquellos que apenas comienzan a enfrentar los retos del mundo. El joven tiene que ser revolucionario, pero no un revolucionario cualquiera (si esa posibilidad existiera). Tiene que compartir su amor, tiene que demostrar su compasión y, sobretodo, tiene que ser honesto consigo mismo. El mundo lo puede cambiar para mejor, para que seamos parte de una familia grande que comparte su amor, su compasión y su identidad.

El papa Francisco adelantó su mensaje a los jóvenes del mundo que se reunieron con él en la ciudad de Panamá, al comunicarse con el primer Encuentro Mundial de Juventud Indígena que se llevó a cabo en Soloy, comarca Ngobe-Bugle, en el occidente panameño. Se trata de la primera vez que se organiza un encuentro pre-Jomada JMJ para jóvenes de los pueblos indígenas, a nivel mundial. En su mensaje, les dijo que aprovechasen la oportunidad para enfrentar los desafíos y seguir adelante “en la construcción de otro mundo posible”. Agregó que tenían que “reaccionar contra esta cultura del descarte, del olvido de las raíces, sin fundamento”.

Antes de abandonar Roma para viajar a Panamá, el papa celebró una misa en su residencia en el Vaticano, donde dijo que “la mundanidad arruina a mucha gente. Gente que es buena, pero que se deja llevar por este espíritu de la vanidad, de la soberbia, del hacerse notar. No hay humildad y la humildad forma parte del estilo cristiano”.

Por otro lado, todo indica que la mayoría de los católicos –tanto dentro como fuera de la curia– piden que el papa sea estricto en establecer una regla de tolerancia cero. Estos creen que, para sobrevivir, la Iglesia tiene que cambiar. ¿Un cambio radical o sólo superficial?

El papa escuchó el testimonio de una peregrina de Palestina que narrará el sufrimiento de ese pueblo que soporta una ofensiva militar permanente por parte del Estado de Israel. La juventud convirtió la Jornada en una fiesta y no permitió que los falsos debates de los empresarios y fundamentalistas interrumpiesen su encuentro con Francisco.

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