En soliloquio

Sobre el Restaurante Agua Clara.

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Vista del restaurante Agua Clara, en Colón.

Por Gerardo González
Dirigente sindical en la ciudad de Colón

Algunas veces, llego al Restaurante del Hotel Sotelo Agua Clara, en la ciudad caribeña de Colón, para disfrutar la caliente negrura de un café o deleitarme con algunos almuerzos que pueden sacar de la monotonía culinaria a cualquier comensal exigente.

Por lo general, busco en mi mente esas aguas claras y mansas que faciliten una especie de soledad y así permitirme en soliloquio elucubrar algunas sustanciales ideas intentando encontrar la necesaria coherencia entre la realidad objetiva  y mi mundo subjetivo.

Estos intentos de soledad para ejercitarme en el soliloquio se ven  interrumpidos por los ardientes y sesudos debates que escenifican un conjunto de preclaros colonenses que se congregan como en los tiempos del Rey Arturo y los caballeros legendarios de la Mesa Redonda.

Estos debates no tienen reglas, nadie sabe cuando inician; nadie sale derrotado porque siempre inventan un nuevo argumento. El debate termina cuando se va  el último caballero que no encuentra a nadie de su altura para debatir.

En mi humildad conceptual, y bajo el peso atroz del hambre de mediodía, me esfuerzo con dificultad para inventariar la riqueza temática de las diversas ciencias del saber humano que fluyen del conjunto de cerebros que se dan cita en este restaurante donde las aguas no son mansas pero sí claras.

Estos debates, en medio de una deliciosa comida, nutren el saber de cualquier neófito en algunas de las ciencias que saltan como liebre en medio del calor del debate. Se escuchan los fundamentos de la Ontología, elementos de los Principios Generales del Derecho, Educación, Periodismo, lo último de las noticias del inframundo Político y es justo decirlo, de la más alta política revestida de concepciones ideológicas y éticas que pueden servir de faro de luz a las futuras generaciones.

En estos debates, se hace gala de amistad y sincero compañerismo, un respeto poco visto por las ideas de los demás y sobre todo, la disimulada tolerancia del dueño de Agua Clara que algunas veces se pone rojo por el momentáneo desequilibrio qué expresan algunos debatientes.

Después de las elecciones,  en estos días, algunos no han querido sentarse en la mesa de los debates, porque hay quienes dicen que ahora le llaman ”la mesa del Valle de los Caídos”.

En realidad, por esos debates da gusto asistir a este restaurante.

Y, sinceramente, no creo y es injusto que se endilgue ese epíteto de «Valle de los Caídos». Algunos podrán considerar que perdieron en estas elecciones, pero a semejantes teóricos y personas que comparten con alegría las vicisitudes políticas no se les puede llamar caídos.

Por último, a mis 67 años de edad, recuerdo la década de los 70’s cuando en Panamá (en el Café Nacional) y en Colón en el ”Sam” (restaurante de un  chino) nos sentábamos varios dirigentes estudiantiles para ”hacer la Revolución Social”, estudiar el Manifiesto Comunista y elaborar las tácticas que debía asumir el movimiento estudiantil para tomarse la Asociación Federada.

Todo eso lo hacíamos con un café que se ponía frío por las horas de debate político-ideológico.

Mis respetos y saludos a los miembros de la Mesa cuadrada del Restaurante Agua Clara del Hotel Sotelo

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