Elogio de la risa

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El físico Albert Einstein suelta una carcajada.

Por Rafael Ruiloba
Escritor y docente universitario

El aprendizaje más serio es saber reírse, porque la risa es el resultado del contraste entre lo serio y lo cómico; entre la caricatura, y la realidad; entre el chiste, y la seriedad; entre lo grotesco y lo correcto; entre el sarcasmo y la mentira; entre el ridículo y la formalidad; entre la parodia y el modelo; entre lo que se propone y lo que se hace; entre la novedad y la tradición; entre lo incongruente y lo versátil; entre lo chocante y lo correcto; entre el carnaval y la misa; entre el ridículo y el buen gusto; entre la ironía y la mentira; entre la verdad y la tergiversación; entre la sátira y los modelos de seriedad; entre el poder y la resistencia, porque la risa se alimenta de los contrastes detectados por la inteligencia.

Cada persona tiene una forma particular de reírse, ya sea su risa alegre, cordial simpática, feliz, estrepitosa, desenfrenada, dulce, estridente; ya sea risa contagiosa o acogedora, o risa de cabra desquiciada o la risa de gallina sin patio, o la risa sin payaso. Todas son risas terapéuticas, que al fin y al cabo producen empatía; sin embargo, hay que diferenciarlas de las risas fingidas o forzadas de los políticos; de las risas falsarias de los mediocres, que se ríen de las desgracias de los demás. Esas risas de burla, injurian y defecan descalabros morales y sólo sirven para degradarse o son indicios de la catadura moral del agresor.

Descartes, dice que esas son risas mezcladas con odio. Son como la risa del Diablo después de haberse robado un alma. En cambio, la risa verdadera es para divertirse, para encontrar la armonía entre la conciencia y la realidad. Por eso, la risa es fuente de felicidad y conocimiento.

Si bien la risa no quita los escollos de la vida, ni evita tropiezos, reírse hace más agradable el viaje; descubre la gracia de la lentitud, revela la inocencia de los niños; expresa deleites del cuerpo y la mente; predispone al placer. Por eso, resuelve los problemas más rápido, inspira tolerancia y te hace capaz de purificar la mente de la intolerancia y el miedo, porque la risa, además de ser una fuente de salud para el cuerpo, lo es para la mente porque te predispone a la alegría, a la afabilidad y a la sociabilidad. La risa te otorga la virtud de la benevolencia, como dice el filósofo Immanuel Kant.

Por eso, la risa renueva los hábitos de la paciencia y demuele la severidad ridícula y la pedantería aparatosa. Por eso, es un alimento primordial de la conciencia. La risa no se agota, ni se mantiene en el límite de lo permitido; su única regla, es incluir toda situación humana en el círculo mágico de la felicidad.

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