El talón de Aquiles del Estado panameño

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En 2021, el Estado panameño vuelve a dar muestras de un evidente agotamiento generado por una situación internacional compleja y desfavorable, y una notoria pérdida de dinamismo institucional. Agravada por la sindemia de Covid-19, la falta de un proyecto de cohesión nacional y la ausencia de liderazgos, esa realidad empieza a transferirle un costo social y político a una sociedad deprimida.

Diversos escándalos de corrupción que atizan el horno político en Panamá desestimulan la creación de consensos en el contexto de una crisis que afecta a los sectores populares y a las capas medias de la población. mientras el gobierno intenta apaciguar las críticas y exhibe una falta de impulso para definir una estrategia coherente que corrija entuertos y eleve el nivel de confianza pública.

Hasta hace poco, el programa de inmunización nacional era una de las banderas del gobierno del presidente Laurentino Cortizo, pero un escándalo en la aplicación privada de vacunas erosionó la confianza de los ciudadanos. Las contradicciones entre funcionarios del sector Salud y la pobre capacidad de respuesta en el esquema de Comunicación del Estado sembraron la idea de un grave delito.

Los actos fallidos y la falta de congruencia en forma y contenido en las acciones con proyección social, han derivado en una pérdida de credibilidad en una población joven sin esperanzas, golpeada por el desempleo y el alza del costo de la vida. Ese desaliento provocado es mayor en las comunidades pobres y excluidas, donde la gente insatisfecha protesta y exige respuestas debido a su precariedad.

Para salir de la actual crisis, Panamá requiere políticas articuladas, ejemplos de probidad en el manejo de las finanzas públicas, certeza del castigo para los autores de peculados millonarios, seguridad pública efectiva y transparencia en la aplicación de la Justicia. Asimismo, necesita fortalecer sus capacidades como país soberano y promover acciones regionales con fines pacíficos y humanitarios.

Este país debe tender la mano franca a la juventud injustamente castigada por el modelo económico neoliberal que agudiza la pobreza de las mayorías y enriquece a las corporaciones. La oportunidad decorosa que tiene el gobierno es recuperar el valor comunitario y resolver el riesgo económico. Andar sin rumbo no es una opción. Hoy, urge diseñar una clara estrategia de desarrollo con equidad.

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