El “Revolcón “ popular (II Parte)

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Manifestación de jóvenes en las calles de Panamá.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

El análisis de la actual crisis que vive Panamá requiere rigor científico para poder desentrañar la naturaleza del conflicto, el tipo de actores que intervienen, el desarrollo consecuente y la salida en el espacio de tiempo más corto y al menor costo político posible.

El primer problema que tienen los “factores reales de poder” hegemónicos y sus acólitos, es que con sus “oxidados” instrumentos de examen no logran captar la riqueza política de la nueva realidad. Se dice que para resolver un problema, primero hay que conocerlo. Es decir, determinar su naturaleza.

En el caso de la coyuntura actual de Panamá, el primer error analítico es el de calificar el desencuentro como una “crisis social”. De lo que realmente se trata, es poder desentrañar el tipo de conflicto, el cual, sin duda, es de tipo político y con actores políticos. En otras palabras, en el escenario no están presentes actores sociales beligerantes. Por ejemplo, no es la clase obrera enfrascada con la burguesía empresarial, ni tampoco la clase campesina “frenteando” (encarando) a los terratenientes.

Al contrario, es la “plebs” (excluidos, marginados, precarizados, etc.) quien asume el protagonismo de lo que yo he denominado un “Revolcón” popular. También se explica por ese carácter político popular de la lucha en las calles, las expresiones contradictorias y anárquicas a pesar de existir tres alianzas populares y étnicas claramente definidas.

En síntesis, vivimos el momento de la irrupción de un nuevo actor político en el escenario nacional: El PUEBLO. Actor que en esta fase de la lucha está enarbolando banderas de “demandas democráticas”, que si no se atienden con la prontitud y certeza de la gravedad de la situación, bien podrían transformarse en “demandas populares”.

¿Quién se equivocó en el análisis?

El gobierno y el oligopolio mediático que ha procurado llevar su ignorancia del fenómeno político a la opinión pública, a la “plebs”; gente de a pie, que en su inmensa sabiduría ya “no come cuento”, ni cree en “cacerías trasnochadas de brujas” y menos en “mareos”.

Sobre la “radicalización” de la lucha política popular en la ciudad heroica de Santiago de Veraguas, ésta fue producto del craso error del gobierno de la plutocracia corrupta de “Nito” Cortizo, Gaby Carrizo y Benicio Robinson, primero, al procurar engatusar al pueblo con varias “mesas” de discusión y, después, con la irresponsable orden de reprimir la protesta en la tierra de Omar. La refriega terminó con una histórica victoria de la juventud (latinos y originarios) y la humillante derrota de los gendarmes de la represión.

Sin duda, la única salida al conflicto, es el diálogo franco y constructivo, con miras a atender las demandas democráticas del pueblo, sin exclusiones y sin “demonizaciones” de los actores políticos populares.

En conclusión, el fenómeno político que vive hoy el país es inédito y en lo absoluto de la clásica lucha de clases del siglo pasado, de la “guerra fría”, de la bipolaridad global. Es en rigor científico, un “revolcón” político popular, que ha levantando las banderas de reivindicaciones democráticas diversas. Es el resultado del colapso total del sistema político de la plutocracia corrupta y de clientelismo político. Es el ocaso de una democracia excluyente, una democracia de ricos y poderosos, una democracia de fachada, una democracia de pacotilla de los últimos 33 años post invasión. Crisis que se tiene que resolver ahora, no en las elecciones del año 2024, como proponen los pregoneros a sueldo del sistema político fallido de la cleptocracia dominante.

¡Así de sencilla es la cosa!

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