El Poder Popular: base social del torrijismo

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Asamblea del Poder Popular, de los 505 Representantes de Corregimientos.

Por Elías Ríos Vega
Sociólogo

El arquitecto y constructor del sistema político implantado en 1972, a través de los 505 Representantes de Corregimientos, creo la célula política básica del Estado panameño y del Poder Popular con funciones legislativas y comunitarias.

El artífice de ese proyecto, el general Omar Torrijos, dijo lo siguiente: “somos unos convencidos, de que es imposible lograr una transformación presionando desde arriba hacia abajo. Si ella no tiene su base de sustentación en el hogar, en el barrio, en la comunidad, esa transformación no se garantiza”.

Esa forma de representación democrática generó las mejores condiciones para el desarrollo y la planificación del país, pero fue sustituida por otro modelo selectivo y excluyente, tras la desaparición física de Omar Torrijos Herrera, en 1981.

El sufragio directo en cada comunidad permitió activar las Juntas Comunales y Juntas Locales para resolver problemas locales, regionales y nacionales. En su estructura orgánica se puede observar la utilidad administrativa para fortalecer los objetivos de desarrollo humano, con la participación del movimiento social.

En cada área geográfica incorporada al Poder Popular había un dirigente que representaba a su comunidad y proponía alternativas de solución a problemas, según las características sociales..

Por ello, Torrijos decía que, para tener una representación genuina, autentica, y que garantizase esa representación con esas características, había que elegir en la comunidad a un dirigente probo, con vocación de servir y no servirse del pueblo.

Para tales efectos, el dirigente decía: “La Comunidad que elige a un pillo, esa Comunidad es pilla”. Sostenía que los verdaderos dirigentes deben predicar con el ejemplo, trabajando sin descanso a favor de la comunidad, sin defraudar al electorado ni apropiarse de recursos del Estado como lo hacen los grupos clientelistas.

Existe la percepción de que una parte importante de la población estremecida por los frecuentes desfalcos no desea experimentar con la elección de individuos corruptos en las curules de la Asamblea Nacional de Diputados, en las Alcaldías y en las Juntas Comunales. Esa es una importante tendencia.

Hoy, persiste en el electorado de Panamá un anhelo para que los fondos del Estado sean administrados de forma responsable y juiciosa. Esa es la peculiaridad en los momentos de la coyuntura que vive la nación, agobiada por escándalos y la disputa del poder por grupos representativos del capital financiero.

Es difícil quebrantar la disposición de un pueblo decidido y determinado a elegir a un gobierno independiente, patriótico, popular que luche por una representación digna. Ello implica la promoción de virtudes ejemplares y el diseño de un plan unitario entre fuerzas interesadas en la salvación del país, por encima del interés personal y las ambiciones de grupos elitistas.

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