El mito de salvar el año escolar

La escuela, distante de la sociedad, es incapaz de reformarse a sí misma; sigue trabajando con base en el mito de salvar el año escolar. El presente artículo abre la posibilidad de un debate sobre el futuro incierto de la Educación panameña, que desde la década de 1970 permanece en la orfandad a causa de la desarticulación de la reforma educativa. Aquel proyecto transformador fue derribado por la presión oligárquica y hoy, a pocos días del reinicio del período escolar, en medio de la pandemia de Coronavirus (Covid-19), se confirma la debilidad del sistema.

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Ángel Díaz-Barriga. Investigador

Ángel Díaz-Barriga
Investigador emérito
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación

La preocupación que ha orientado todas estas decisiones es “salvar” el año escolar, no necesariamente analiza las opciones de aprendizaje que esta circunstancia ofrece a los alumnos, sino cumplir el currículo formal y calificar a los estudiantes.

El Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Autónoma de México (UNAM), publicó el libro Educación y Pandemia una visión académica, en el que se reflexiona  sobre los problemas ocasionados por la emergencia sanitaria en el campo educativo y señala que:

  • “En ningún otro momento de la historia se habían visto suspendidas las actividades de más de 1,215 millones de estudiantes, de todos los niveles educativos, en el planeta entero”. (UNESCO)
  • Se ha experimentado un singular tránsito desde el aula, los espacios de recreo y descanso, hasta la sala y el comedor de casa y, en el caso de la educación básica, se ha requerido de la participación de madres y padres de familia para atender problemas de orden académico.
  • Todo ello partiendo del supuesto de que habrá un televisor y una computadora con acceso a Internet, así como las capacidades humanas necesarias para asesorar en temas científicos, humanísticos y artísticos.

En el primer bloque del libro se plantean las siguientes interrogantes:

  • ¿Es posible extender la escuela hasta el espacio privado de la casa?
  • ¿Cuenta el currículo con una condición móvil y transferible?
  • ¿Cuentan las madres y los padres de familia con el conocimiento básico para aconsejar a la niñez en el cumplimiento de sus tareas?
  • ¿Se han aprovechado las enseñanzas —muchas veces trágicas— de vivir una pandemia?

Educación y desigualdades sociales

La publicación incluye “La escuela ausente, la necesidad de replantear su significado” en el que Ángel Díaz Barriga resalta, que marginalidad educativa en México resulta absolutamente coincidente con  la marginalidad socioeconómica y pregunta:

  • ¿Cuál es la relación entre la brecha digital y las grandes asimetrías que se viven en México?
  • ¿Cómo aminorar las brechas en las poblaciones vulnerables?
  • ¿Qué beneficios y qué efectos no deseados, traen las políticas para la educación centradas en el uso de las tecnologías?
  • ¿Cómo enfrentar las desigualdades sociales y educativas?
  • ¿Cuáles son las condiciones reales de la sociedad en términos de acceso a la tecnología?

“Estamos ante una nueva generación de alumnos que, en general, está vinculada con la tecnología digital, lo cual ha modificado sus formas de aprender, sus intereses y sus habilidades. Sin embargo, esto no significa que puedan aprender con la tecnología; saben usarla para comunicarse, para las redes sociales, pero no necesariamente la emplean como un recurso de aprendizaje. Los sistemas educativos y pedagógicos van a la zaga en esta tarea”, enfatiza el autor.

Nuevas responsabilidades de las madres de familia

Predomina la queja de que en las clases, a través de Internet o de señales de televisión, sólo se dejan a los estudiantes lecturas y cuestionarios para ser atendidos en casa. Las madres de familia plantean cómo se ha multiplicado su labor ante las “nuevas responsabilidades que les asignan”. Ademas de atender las tareas domésticas su casa, su trabajo diario, ahora estas abarcan el apoyo a hijos de diferentes edades para que puedan cumplir las tareas encomendadas.

Formación docente

En una encuesta aplicada a los docentes de la Ciudad de México, el 58 por ciento respondió que cuenta con una formación digital básica, 16 por ciento afirmó que sólo tiene un teléfono inteligente para acceso a plataformas digitales, y únicamente 1.7 por ciento está en condiciones de manejar programas de diseño.

El secretario de Educación presentó en la conferencia Google for Education la “Nueva escuela mexicana digital. Desaprendiendo para aprender”, y prometió iniciar la capacitación (no formación) de 500,000 docentes entre abril y noviembre de este año, para que pudieran diseñar objetos de aprendizaje y sesiones de trabajo en línea utilizando las herramientas que ofrece la tecnología. En su presentación no se analizaron las condiciones del profesorado ni de las familias. La profesión docente quedó reducida al técnico que elige materiales para trabajar con sus estudiantes.

La escuela, distante de la sociedad, es incapaz de reformarse a sí misma, sigue trabajando sobre la base del mito de “salvar el curso” (el año escolar), concluye el investigador.

Trabajo por proyectos intergeneracionales

Al replantear la escuela ausente, Díaz-Barriga propone el desarrollo de proyectos intergeneracionales como un modelo alternativo para la educación en pandemia y aislamiento social.

Señala que la pandemia constituye un momento singular para impulsar el trabajo por proyectos. Los alumnos ya saben trabajar así, sólo que ahora el proyecto tendría que ser un trabajo internivel o intergeneracional; esto es, un proyecto de los estudiantes con sus hermanos, e incluso con algunos adultos que lo rodeen. El título sería “El país ante la pandemia y el aislamiento social”.

Diversos temas de las materias que integran el currículo se podrían trabajar vinculados con este proyecto. De acuerdo con el nivel en que estén inscritos los estudiantes, se pueden formular preguntas generales que lo orienten:

  • ¿Qué saben o qué han escuchado sobre la pandemia?
  • ¿Cómo está afectando a distintas sociedades del mundo?
  • ¿Cómo afecta a nuestro país?
  • ¿Cómo afecta a su entorno?

Estas preguntas básicas podrían dar pie a que los alumnos y sus hermanos formulen un proyecto que incluya las diferentes materias que están trabajando. Los estudiantes que están en grados inferiores reportarían lo que alcanzan a preguntarse sobre este tema, mientras los mayores que están en grados más avanzados formularían necesariamente interrogantes más sólidas. Unos explicarían cómo ayudaron a los más pequeños y otros qué ayuda recibieron de los mayores.

  • Podrían abordarse los temas de ciencias: origen de la pandemia, qué son los virus, qué significa contagiarse, cómo se hace una vacuna, desde cuándo se hacen vacunas, y otras explicaciones de acuerdo con el curso que estén realizando en primaria o secundaria.
  • Geografía e historia fácilmente se puede incorporar hablando del porcentaje de población afectada con respecto al total de la población de un país, analizando las principales actividades que se realizan ahí, partiendo, obviamente, de su ubicación geográfica.
  • Matemáticas estará presente en la parte que podríamos denominar conocimientos aritméticos simples (operaciones básicas, porcentajes), así como en el empleo de modelos matemáticos para expresar esos datos en modelos estadísticos e incluso en expresiones algebraicas.
  • La lectura no sería problema, pues acompañaría todo el desarrollo del proyecto.

Desaprender para aprender

Se ha desaprovechado una inigualable oportunidad para desescolarizar la educación para invertir, de alguna forma, el currículo. Ello significa que en vez de pensar los contenidos desde su organización en las disciplinas, hay que poner éstas al servicio de lo que la realidad demanda. Esto sería un mecanismo de desaprender para aprender.

La propuesta de trabajar con grandes proyectos intergeneracionales no supera la dificultad de comunicarse con los estudiantes. En unos casos (los menos) se haría un trabajo en línea, pero no dejando tareas, sino impulsando actividades reflexivas; en otros casos, podría ser mediante la televisión o el radio, pero siempre pensando en situaciones locales, atendiendo a lo que se dice en los medios formales e informales de comunicación, en las redes sociales de docentes, estudiantes, padres de familia.

No se trata de dar clases en línea. Es necesario aceptar la realidad como la base del aprendizaje de los alumnos. Quizá no sean cumplidas todas las tareas previstas en el currículo formal, pero seguramente se impulsarán aprendizajes significativos.

La escuela y el currículo pueden aprovechar esta pandemia para cambiar, para trabajar a favor de lo que siempre intentaron hacer: vincular la realidad a la escuela. Tampoco es más sencillo de lo que se está haciendo en este momento, pero es más significativo. Tomemos la palabra de desaprender para aprender, pero con otro significado.

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