El concordato del Reich y la hipocresía de Occidente

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Unidades del Batallón Azov realizan el saludo de lealtad a los nazis.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

La historia no miente. Al menos, ocho años antes de que Adolf Hitler, líder del partido nazi, fuera nombrado canciller prrimer ministro) de Alemania, el 30 de enero de 1933, y catorce otoños del inicio de la “Segunda Guerra Mundial” (1 de septiembre de 1939), el mundo político y diplomático, particularmente, occidental, conocía su ideología anticomunista, antijudía, antiliberal, anticlerical y de supremacía alemana.

En efecto, Adolf Hitler y sus amigos en la cárcel idearon su concepción del mundo, creación que fue publicada, con el nombre de “Main Kampf” (Mi Lucha) en dos tomos, el primero divulgado el 18 de julio de 1925 y el segundo el año siguiente. La obra contiene su autobiografía y el manifiesto del nacionalsocialismo, en ella sostiene su tesis principal, “el peligro judío” o “la conspiración judía”, para apoderarse del mundo. También desarrolla su odio, a los dos males del mundo: “El comunismo y el judaísmo”. Adicionalmente, añade la tesis del “espacio vital alemán”.

En síntesis, allí quedó plasmado para conocimiento de toda la humanidad del siglo pasado y del presente, una ideología que conceptúa un mundo sin comunistas, sin judíos, sin democracia, sin religiones y bajo la hegemonía del nazismo alemán.

¿Quiénes -por comisión u omisión y conociendo de antemano de la ideología del racismo hitleriano- alentaron la barbarie del nazismo?

Dilucidar esa realidad y rescatar de las brumas de la hipocresía política, el Concordato entre regímenes autoritarios, es de suma importancia en nuestros días, sobre todo, porque una vez más, una potencia supremacista e imperialista, “está haciendo todo que tenga que hacer” para imponer su visión unilateral del mundo de hoy.

Por acción, el “Primado de Roma”, “Sucesor del Apóstol Pedro”. Luego de la humillante derrota de los Estados papales y de la consolidación del Estado-nación italiano, el gobierno del Papa, quedó reducido a 44 hectáreas en la ciudad de Roma. Pero desde el último tercio del siglo XIX, particularmente, con el ministerio del Papa León XIII, se inicia un proceso de recuperación del poder del Vaticano.

Para ello se comienza el estudio y análisis de la legislación dispersa de la doctrina de la Iglesia Católica y se propone la elaboración del “Código de Derecho Canónico”. En el cual, entre otras cosas, se proclama la infalibilidad papal y su poder omnímodo sobre la Iglesia Católica de toda la Tierra. Para imponer el nuevo Código de Derecho Católico, se impulsa la política de la concordancia.

“Un Concordato es un acuerdo, pacto o tratado entre la Iglesia Católica (La Santa Sede) y el gobierno de un Estado para regular las relaciones entre ellos, en materia de mutuo interés” (Concordatos del Vaticano, página 2).

Con esta finalidad es nombrado a partir del 23 de abril de 1917, Nuncio de Baviera, Eugenio Pacelli, formalmente, el 23 de junio de1920 y en 1925 en el imperio Alemán y Prusia. De manera que cuando sale a la luz pública el manifiesto nazi, el prelado Pacelli ya llevaba varios años como nuncio apostólico en Alemania y era ya el decano de los diplomáticos. Adicionalmente, desde esa alta posición diplomática, el también coautor del Código de Derecho Canónico, inició su recorrido de implementación de la política de concordatos, hasta culminar con el Concordato del Reich del 20 de julio de 1933. Para esa fecha, Eugenio Pacelli, ya era purpurado (Nombrado Cardenal el 29 de diciembre de 1929) y el segundo al mando del Vaticano (Secretario del Estado, 7 de febrero de 1930).

Como se sabe, seis meses antes del Pacto del Reich-Vaticano, el 30 de enero de 1933, Adolf Hitler, líder del partido Nazi, es nombrado como canciller Alemán, es por ello que el autor católico, John Cornwell, afirma en su obra, “El Papa de Hitler” que hubo complicidad del futuro Papa Pío XII, en el ascenso de Hitler al poder. El pacto acordado entre Eugenio Pacelli, Papa Pio XII, y Adolf Hitler establecía el impedimento de la Iglesia Católica y del Partido del Centro (Social-cristiano) de participar en política. Esto es, la abdicación política de la Iglesia Católica alemana.

Paralelamente a esta conducta impropia de la Santa Sede que llevó inexorablemente a la “solución final”, también la historia consigna la gestión hipócrita y complaciente de “Occidente” para con la política del imperialismo nazi, particularmente, de las dos principales potencias de esta parte del mundo, Estados Unidos e Inglaterra.

Ayer, como hoy, la historia se repite en espiral, la política del unilateralismo de Occidente y su odio, ayer contra la revolución bolchevique, y hoy contra Rusia y China, ha plantado en la actualidad una “guerra proxy” en Ucrania, con pérdidas de cientos de miles de vidas humanas, de la merma y destrucción de infraestructuras valoradas en cientos de miles de millones de dólares, y en el futuro inmediato, merodeando la hecatombe nuclear o fin de los tiempos o eliminación de la humanidad.

Señores mandatarios de Occidente, de la Unión Europea y de la OTAN, los pueblos del mundo exigen el cese inmediato de la “guerra proxy” en Ucrania, la concertación política de un Acuerdo de Paz y la edificación de un mundo multipolar, de coexistencia pacífica y de verdadera democracia.

¡Así de sencilla es la cosa!

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