El cambio y el “cambio” en Colombia

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El candidato presidencial Gustavo Petro y su familia.

Por Antonio Saldaña
Abogado y analista político

El próximo 19 de junio en el balotaje (segunda vuelta electoral) los colombianos “se juegan la vida”, el futuro; incluso, más allá de los cuatro años que dura el mandato presidencial. Atrás quedó la partidocracia corrupta de las 40 familias de la oligarquía que ha gobernado por 200 años de vida republicana a la nación de Santander.

Ahora, en la segunda vuelta electoral, se enfrentan dos corrientes políticas que enarbolan la bandera del cambio como divisa de su proselitismo político. Por un lado, el cambio para modernizar la institucionalidad del Estado, la participación de nuevos actores políticos, muchos de ellos, hasta ahora excluidos, como lo es la propia candidata a la vicepresidencia en la alianza del “Pacto Histórico”, la afrodescendiente, Francia Márquez; todos bajo el liderazgo populista del experimentado político, académico, economista y senador de la República, señor Gustavo Petro. De manera que el candidato de la coalición popular, denominada “Pacto Histórico” representa un cambio real, necesario, previsible e impostergable en la sociedad colombiana.

Mientras que, por el otro lado, se encuentra el Ingeniero Rodolfo Hernández, el supuesto “outsider”, que no es más que “la otra cara de la misma moneda”, es decir, de la oligarquía corrupta. Es el rostro de la demagogia que embelesa y envilece, muchas veces, a los pueblos de “nuestra América”. Según ha manifestado el candidato de “Colombia Humana”, Gustavo Petro: “hay cambios que no son cambios, hay cambios que son un suicidio”.

De manera que el “Loco” Hernández, ni es un chiflado, ni menos uno de fuera de los círculos de poder o del factor real de poder oligárquico colombiano. Por el contrario, es, en realidad, el “palo loco” del “statu quo”. Es un millonario cuyo carácter e historia política denotan el autoritarismo rampante y a través del programa de seguridad busca empoderar a las Fuerzas Armadas de Colombia. Lo que augura es una peligrosa combinación de autoritarismo y militarismo para los ya disminuídos derechos humanos de los colombianos.

En consecuencia, corresponderá al noble y hermano pueblo de Colombia —en este crucial momento histórico— tomar la mejor decisión para su futuro.

¡Así de sencilla es la cosa

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