EE.UU. marca el terreno en Panamá

China es el desvelo actual de la Casa Blanca, y aunque no fue mencionado entre los objetivos de la visita, de Michael Kozak a Panamá.

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Michael Kosak, Subsecretario de Estado para América Latina

Por Benito Martínez
Especial para Bayano digital

La sorprendente e inhabitualmente extensa visita a Panamá de Michael Kozak, subsecretario interino estadounidense para Asuntos del Hemisferio Occidental, revive algunos recuerdos de la invasión de 1989, en cuyo proceso estuvo involucrado.

Los analistas locales deslizan suspicacias que despierta en ellos las constantes visitas de altos personeros de la Casa Blanca al Istmo, que de mayo a la fecha fueron muchas más que en los cinco años anteriores, como si estuviesen marcando el terreno propio o velando que no haya “sorpresas” con el nuevo gobierno.

La nota oficial del Departamento de Estado sobre su visita, del 17 al 21 de octubre, remarcó que en las conversaciones programadas uno de los temas será “las crisis democráticas en Venezuela y Nicaragua”, aunque también hablarán sobre “acciones contra el narcotráfico y el terrorismo, y la seguridad fronteriza”.

Contrario al protocolo, donde el anfitrión anuncia el encuentro con el visitante, desde Washington aseguraron que sostendría entrevistas con el presidente del país, Laurentino Cortizo, y los ministros de Relaciones Exteriores, Alejandro Ferrer y de Seguridad, Rolando Mirones.

Y no podía faltar la zanahoria: “Kozak expresará el apoyo de Estados Unidos a los esfuerzos de Panamá orientados a mejorar el clima de negocios y atraer inversiones extranjeras más transparentes y sostenibles”, según el comunicado del vocero del Departamento de Estado.

De la triste historia de este halcón con uniforme diplomático, al decir de algunos acá, alertó el analista Julio Yao, quien en redes sociales escribió: “¡Kozak estuvo inmiscuido en la invasión a nuestra querida Patria!; ¡panameño, no tengas memoria corta!; Kozak y (Mike) Pompeo son pitbulls (perros) del Albino (Donald Trump)!”.

Acerca del visitante, quien en su hoja de vida en algún momento fue director de democracia y derechos humanos en el Consejo de Seguridad Nacional, un periodista de la Asociated Press de su país lo consideran un “raro diplomático que no teme usar la fuerza para lo que Estados Unidos considera objetivos nobles”.

Con esas “selectas virtudes” vino a Panamá en 1988 para infructuosamente obligar al fallecido general Manuel Antonio Noriega a que abandonara el mando de las Fuerzas de Defensa (ejército) y se marchara al exilio arreglado por Estados Unidos con España; mientras, como parte del “paquete” se eliminarían los cargos por narcotráfico en tribunales estadounidenses.

Durante la invasión, según publicó la revista estadounidense Time en diciembre de 1989, un funcionario del Departamento de Estado afirmó que Kozak asesoró al gobierno del panameño Guillermo Endara (colocado en el cargo por el ejército de Estados Unidos) e intentó negociar la rendición de Noriega.

El capítulo de la invasión estadounidense a Panamá el 20 de diciembre de 1989 es una herida abierta, que la presencia del halcón obliga a recordar con énfasis en los familiares y amigos de las víctimas mortales y heridos, cuya estadística real los responsables y sus cómplices internos escondieron.

Algo más de un año después de la masacre, el artículo titulado ¿La salvación de Panamá?, escrito por Michael Massing, aseguró que una encuesta arrojó que “la mayoría de los panameños continúan viendo la invasión como una verdadera liberación”. No obstante, reconoció que, en lo político, económico, administrativo, judicial y social, “Panamá está en un lío”.

Solo Kozak veía entonces la situación color de rosas, al expresar que “es una democracia en funcionamiento que ha experimentado una medida sustancial de recuperación económica”, según dijo a mediados de abril de 1990 a un panel de la Cámara de su país y como aval del éxito (suyo también) aseveró que creció el Producto Interno Bruto en 3,4 por ciento.

El artículo publicado por la revista The New York Review of Books, señaló que “desde la invasión, los atracos, las violaciones y los robos se han convertido en algo común. Solo en 1990 hubo dos docenas de robos a mano armada de bancos, en comparación con diez en los veinte años anteriores”.

La inseguridad continúa, el modelo impuesto a balas en 1989 pareciera que tocó fondo a juicio de politólogos, mientras crece el clamor por una asamblea constituyente originaria que refunde el país; pero quizás Kozak también cumpla esta vez la misión de “aconsejar” que ello no ocurra.

China es el desvelo actual de la Casa Blanca, y aunque no fue mencionado entre los objetivos de la visita, sus relaciones con Panamá tal vez sea el más importante, además de recordar que una empresa del país norteño abrirá en la caribeña Colón la primera terminal de gas natural licuado en el Istmo, la mayor inversión estadounidense en esta nación: otra zanahoria.

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