Cuidado con las encuestas engañosas

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Caritas de bandidos. (Foto: Piqsels).

Por Alberto Velásquez
Periodista y relacionista público

Para nosotros, los comunicadores, una encuesta de opinión puede ser el retrato de una situación en un momento determinado. Pero, como cabe la posibilidad de que se manifieste una tendencia, los resultados de esa medición de la percepción en ciertos casos pudieran ser considerados como la manifestación de una comunidad masoquista, que prefiere la corrupción y apoya a malos sujetos, no importa si producen al país una imagen vergonzosa.

Recientemente, el ex presidente de un país centroamericano fue enjuiciado y enfrenta la posibilidad de una cadena perpetua. Es otro ex presidente encaminado al patíbulo y se suma a la lista de personajes en la región latinoamericana que recibieron el favor en las urnas para luego apoderarse de millonarias sumas de dinero.

En Panamá, no ocurre nada distinto. Personajes condenados por peculados, lavado de dinero, cobro de coimas, negocios turbios, en fin, por una cadena de corrupción. Hacen todo lo posible, con los mismos dineros robados, para intentar cambiar la opinión pública a su favor, publicando encuestas a costa de la credibilidad de un medio.

La gente pensante está convencida de que llegó el momento de derribar en esas cumbres a los falsos líderes, quienes han abusado del poder sin sonrojo alguno, actuando con desfachatez, no importa que en su torcido recorrido hayan sido encausados por la justicia. A través de sus perversas actuaciones, han empobrecido a muchos, provocaron heridos, cegaron y hasta sumaron muertos en su historial por sus actuaciones desenfrenadas.

El ciudadano que se considere a sí mismo una persona digna, que no se deja marear por el tintineo de unas cuantas monedas, o por el mensaje falso de que va a tener ”más dinero en su bolsillo”, tiene la responsabilidad de escoger a los administradores del país entre los candidatos con menos máculas, aunque se sabe que habrá pocos elegibles.

Lastimosa es la realidad de los últimos años en Panamá, con grandes posibilidades de disminuir la brecha de la pobreza. No se ha logrado por culpa de grupos de votantes compuestos por una gran masa de gente ignorante, que vive despreocupada de las dolencias del país, que no le tiene credibilidad a nadie, que sólo piensa en su bolsillo. En realidad, no miden las consecuencias de elegir a malos gobernantes y sus camarillas, que están al borde de un calabozo o tienen que esconderse para evitar el peso de la justicia.

Sin duda, habrá nuevos sondeos de la opinión pública. Algunos podrán ser fiel reflejo de la intención popular, otros, definitivamente, estarán sujetos a un manejo perverso, pero al final no debemos abandonar la esperanza de que los buenos panameños sabrán a quien escoger. Por consiguiente, es necesario tener mucho cuidado con las encuestas engañosas.

Votar por un individuo que dirigió al Ministerio de Seguridad y se reía mientras agentes policiales disparaban a la cara a los manifestantes, dejando a muchos ciegos, tuertos, heridos y hasta muertos. Una persona que manifiesta que ayudará a Ratanelli, sin importarle que existe una condena en firme, pasando por encima del Órgano Judicial.

La mencionada encuesta es incoherente. Las explicaciones que da el diario La Prensa son superficiales y poco convincentes. Sólo analiza los números finales, y no explica las causas que sustentan los resultados que publican. De esa forma, La Prensa pierde credibilidad.

En el actual panorama, hay un candidato que le hace las veces a un condenado por corrupción, que hace lo que le da la gana, que no debe hablar de política porque está asilado, huyendo y no le importa y lo hace sin que nadie haga nada al respecto. RM hace lo que le da la regalada gana. Es increíble. Por lo visto, hay un pueblo seducido por la corrupción y que se va con los cantos de sirena del ”Chen Chen”. No hay plata. Entiendan. A RM sólo le importa la impunidad y la venganza.

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