Cuando ya no hay forma de ocultar la mentira

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Actividad minera amenaza a la red hídrica nacional.

Por Rafael García Denvers
Coordinador de la VT – Colectivo Bayano

Algunos repiten que la mentira tiene patas cortas. Otros más lapidarios recuerdan que los perfumes más caros corresponden a la necesidad de disimular los olores mas pestilentes y, finalmente, lo cierto: la verdad tarde o temprano sabe encontrar cómo mostrarse. Eso es lo que está ocurriendo en lo relativo al tema del negociado minero en Panamá. El que no lo quiere ver esta realidad, no es ciego, es simplemente un interesado o un participante.

Para poder ser entendido sin confrontaciones innecesarias entre los que buscamos la misma meta, enfrentar los desigualdades, vencer el hambre, la enfermedad, la falta de alternativas y trabajos dignos, entre otras realidades que caracterizan nuestro día a día, se deberá primero derrotar el dominio mediático que priva sobre la sociedad e informarse sin sesgos o prejuicios.

Valoremos inicialmente las alternativas de elección en el tema minero:

Las áreas afectadas por la minería tienen el potencial de desarrollo turístico, agropecuario y ganadero entre otros modelos de negocios. Todos ellos son repetibles en el tiempo y con la tecnología adecuada y la educación de la población y la presencia de productores del área que sean capaces de aumentar sus réditos.

Es necesario aclarar que las áreas descritas son abundantes en flora y fauna, y han dado origen a múltiples nacimientos de fuentes de agua dulce. Además, la estrechez del territorio nos obliga a ser custodios del Corredor Biológico Mesoamericano, territorio vital para el sostenimiento y reproducción de múltiples especies que habitan no sólo en nuestra tierra sino en países de la región.

El impacto minero sobre las fuentes hídricas tiene la capacidad de romper la estructura de contribución a los reservorios que alimentan la operación del Canal de Panamá. Por ello, hay que recordar que esos lagos alimentan una decena de potabilizadoras y sirven a la ciudad de Panamá, Colón y parte la región de Panamá Oeste y Este, que representan más del 50 % de la población nacional

Con el actual nivel de falta de suministro permanente de agua en muchas comunidades, conviene preguntar; ¿cómo será el escenario de la población panameña si esas plantas potabilizadoras instaladas salen del sistema o dejan de funcionar?

A la afectación directa de las fuentes hídricas, ya sea porque las desvían o embalsan para uso de la mina, hay que agregarle las que morirán al desaparecer el entorno selvático y aquellas que, sin duda, serán contaminadas por químicos, sedimentos y otros agentes derivados de la explotación minera.

La trituración de las rocas de las montañas para obtener los minerales que poseen, obliga los promotores del expolio a expulsar a los habitantes en las áreas afectadas, incrementando con esas acciones los cordones de miseria alrededor de las ciudades, principalmente Panamá, Colon y La Chorrera, donde persisten los requerimientos de servicios de Salud, Educación, Trabajo y Transporte.

Todos los elementos anteriores se darían en base a la elección de un futuro fundamentado en algunos millones de dólares en ingresos económicos para el Estado, que depende de los requerimientos y las decisiones de una empresa cuyos capitales no tienen ningún compromiso con hombres, mujeres y niños en este país, y menos con un porvenir más equitativo, digno, sano y sostenido en este terruño.

Cuando el nivel de minerales extraídos no les sea rentable, o la destrucción no pueda ser mayor, simplemente SE RETIRARÁN Y NOS HEREDARÁN UN FUTURO DE MUERTE. ¿Es esta la consigna sustentadora que respalda la defensa de un contrato que prostituye nuestro suelo y entrega la soberanía nacional cual nuevo enclave colonial, y sacrifica el vital elemento AGUA a cambio de algunas monedas, anulando cualquier ciclo de vida.

Es posible entender la miseria humana de los gobernantes, absolutamente desconectados del compromiso de garantizar un país sano y próspero quienes miden el futuro en dinero y poder y no en opciones de VIDA. En todo caso, ellos son administradores y no propietarios de una hacienda llamada Panamá.

Necesario es añadir que no han sido incluidos en este artículo los efectos del evidente cambio climático que enfrenta nuestro planeta y los múltiples acuerdos vigentes sobre el tema. Por cierto, tales acuerdos fueron firmados y ratificados por el Estado panameño, y parecen ser absolutamente desconocidos por los supuestos negociadores de los polémicos contratos mineros.

El mañana lo estamos construyendo hoy.

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