Crisis, encrucijada, concertación por la vida o abismo

Un análisis sobre la compleja realidad nacional, los efectos sociales del modelo económico neoliberal y el persistente expolio de los recursos vitales de la población panameña.

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La crisis desatada en la sociedad panameña tiene diversos componentes, múltiples causas locales y externas aceleradas por los duros efectos de la pandemia, el desabastecimiento de productos y los altos precios de los medicamentos, así como las deficiencias en infraestructuras en Salud Pública y Educación.

Las múltiples causas de esa crisis abarcan el descontento social, basado fundamentalmente en la hipoteca de los ingresos económicos del Canal de Panamá, y en la entrega al capital financiero internacional de los recursos minerales y las ventajas de la posición geográfica de este país.

Conviene analizar el momento actual, no como una simple crisis sino, como una encrucijada donde los caminos a elegir incluyen, además de las posibles rutas de salida, el riesgo de caer en un profundo abismo. La experiencia internacional o la nueva fase que se inicia, está caracterizada por la contradicción entre un mundo unipolar, con un solo poder regente en el orbe, y un mundo multipolar, en el que varios países o naciones generen distintos polos de desarrollo y fuentes de poder y, por tanto, provean un factor de equilibrio de las relaciones entre naciones.

A nivel local, parte de la magnitud del golpe de este conflicto en la sociedad panameña, se debe a la absurda decisión del Gobierno Nacional de alinearse con la potencia del Norte y perder su personalidad en el campo internacional como Estado no alineado, resguardando su responsabilidad de mantener y defender la neutralidad en concordancia con lo estipulado en los Tratados del Canal de Panamá, de 1977. Esa situación se remonta al 20 de diciembre de 1989, cuando la soldadesca yankee invadió a Panamá e impuso las bases del modelo neoliberal.

Las fuerzas que regentan el mercado, lo han instaurado como rey absoluto al servicio de los grandes capitales, garantizando así la acumulación de riquezas en manos de grupos y, por tanto, apadrinando el régimen de inequidad existente. Esto no es sustentable ni permisible en ninguna forma. Se requiere ingresar variables, controles que sean capaces de mantener la coherencia y consistencia global de una economía autosostenible en el tiempo.

El Gobierno se ha convertido en una especie de bombero apagafuegos, donde no existe meta definida, sólo respuestas circunstanciales y parciales a los problemas, no importa cuál sea la profundidad de la contradicción. Esta característica es, de hecho, la que genera la desconfianza, la falta de credibilidad y, particularmente, la crisis de liderazgo que se vive en el presente.

Las metas del actual Gobierno no son coincidentes con las necesidades del colectivo social. Debido a ello, la crisis no tiene solución dentro del marco de esta realidad inmediata y se requiere orientar al poder desde las organizaciones sociales, respetando la personalidad de cada una de ellas y forzando el establecimiento de una institucionalidad en que la colectividad esté incluida y suministre respuestas efectivas.

Para concretar ese paso, es necesario construir, encontrar o simplemente desarrollar rutas para hacer de la solución un acto factible en un planeta donde el equilibrio natural y su continuidad están en riesgo a causa de la estupidez humana.

Es inútil buscar las soluciones donde no están. Se requieren soluciones a problemas y respuestas a preguntas, Por ese motivo, urge definir lo prioritario, lo fundamental, que tiene que ser atendido en término inmediato, con metas a largo plazo y un adecuado equilibrio en las decisiones adoptadas.

Hoy, es imperativo generar confianza y compartir conocimientos y saberes entre las fuerzas sociales del país, para alcanzar unidad en torno a puntos coincidentes, con la posibilidad de empinarse sobre las dificultades, en procura de resultados colectivos de gran impacto.

La lucha en las calles es inevitable y necesaria. Se ve forzada por la sordera y poco interés de los gobernantes de turno, quienes continúan la tarea mandatada por un modelo económico pernicioso, saqueador e insostenible a la luz del derecho a la vida, pero sustentado en el gran espíritu disociador que el individualismo ha sembrado y alimentado en diversos movimientos.

Se debe entender que la lucha planteada por la Alianza Pueblo Unido por la Vida y otras organizaciones al tenor de la defensa social de las conquistas y la equidad en las relaciones sociales, no es excluyente, y debe prever la conformación de un gran bloque popular que supere los riesgos del abismo y proyecte un paso unitario ante la encrucijada previamente descrita.

El momento actual, como toda crisis, no es el producto de las condiciones inmediatas. Esas sólo son detonantes. La crisis se deriva de los errores en el ámbito nacional y manejo económico internacional y, particularmente, del desprecio e irrespeto a la vida y derechos de todos los que convivimos en este planeta por parte del modelo imperante.

El gran sustentador de esa realidad es la absoluta falta de confianza en la clase política para unificar los puntos de una agenda construida con participación social y popular. Por ello, es importante avanzar hacia la refundación de la República, ampliando las oportunidades para las capas medias de la población, la clase trabajadora, los sectores populares y comunitarios. La democracia no debe ser sólo electoral, sino también económica y social.

El gran obstáculo existente para unificar una Agenda básica, por parte de las organizaciones sociales, es el individualismo. Se necesita evitar que temas de segundo o tercer orden desvíen los esfuerzos o fraccionen la fuerza de avance. De hecho, ese problema representa una inmensa piedra u obstáculo para la unidad.

Ese es el fundamento sobre el cual el Gobierno espera calmar a la sociedad sublevada, a través de anuncios inconsultos e inconclusos, que no solucionan nada, con el propósito de poder continuar ejecutando la agenda de los poderes fácticos.

Los recursos están restringidos a esa casa común denominada planeta Tierra, donde es imprescindible reconocer su fragilidad y evitar que sea agotado el patrimonio biológico de la humanidad. Es hora de concertar metas, elaborar programas y construir puentes de comunicación, acercamiento y confianza, que impidan a los poderes fácticos provocar grietas y fisuras para apartar del camino elegido al movimiento popular..

Hoy, se requiere hacer de las metas objetivos alcanzables, reales y sólidos, que sirvan de base para alcanzar un mundo donde florezca la esperanza y se encuentren a su lado las soluciones colectivas, de un modo natural. La lucha en las calles de Panamá es parte sustancial de la defensa de los derechos patrióticos y soberanos de la población, que demanda la refundación del Estado y requiere consolidar un gran proyecto popular.

Rafael García Denvers
Coordinador de Vanguardia Torrijista

Panamá, 14 de julio 2022

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