Una postulación y una propuesta indecentes

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Ricardo Martinelli escoltado por agentes policiales. (Foto: AFP).

Una postulación y una propuesta indecentes

Por Alberto Velásquez
Periodista

Los líderes de los diversos partidos políticos en Panamá deben estar conscientes del enorme descrédito que han acumulado sus organizaciones durante los últimos años. Una de las consecuencias, es el repunte de las candidaturas llamadas independientes.

La postulación del señor Ricardo Martinelli, a un cargo de elección popular, evidentemente contamina el ambiente político, pues constituye, nada más y nada menos, que una propuesta indecente. Un insulto a la inteligencia del pueblo panameño.

Se trata de un candidato que tiene sobre sus espaldas el escarnio de haber sido el primer presidente de Panamá encarcelado en una prisión extranjera y que, en su defensa, habló mal de la justicia de su país y hasta se confesó colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos.

La mayoría del pueblo panameño ‒estamos seguros‒ está convencida de que ocupó la Presidencia de la República para hacerse más millonario de lo que era en 2009.

Tras convertirse en presidente, le correspondió inaugurar el segundo tramo de la cinta costera, que denigró hasta la saciedad. El proyecto fue construido tal y como había sido presupuestado. Sin embargo, como aprovechador insaciable, extendió su construcción a nuevas fases, a un costo mayor, agregándole la modalidad de las adendas, que utilizó en todas las obras, lo que sugiere coimas, precisamente de la empresa catalogada como la más corrupta de todo el continente, Odebrecht.

Martinelli aún no ha sido declarado culpable de los primeros cargos que le imputan actualmente en audiencia. Es enjuiciado por la vindicta pública del pueblo panameño, que se convence cada vez más de su abuso del poder.

El reo de la cárcel El Renacer, en Gamboa, no puede ser candidato a ningún puesto de elección popular. Ni moral ni legalmente. Así lo debe resolver el Tribunal Electoral. La Constitución Nacional sólo permite ser candidato a los ciudadanos en ejercicio. Está detenido y, según el artículo 153 de nuestra Carta Magna, no es un ciudadano común y silvestre. Es un delincuente.

Sus abogados y alabarderos de siempre lo saben. Pero como es un sujeto dueño de un gran botín, lo aplauden y enarbolan, quizás para que siga siendo el paganini. Por algo dicen, con desfachatez, que “robó, pero hizo”.

A muchos no les interesa la candidatura de Martinelli a cualquier puesto de elección. No les interesa, porque están convencidos de que ha perdido fuerza política. Sin embargo, esa candidatura es, a todas luces, amoral y nefasta para el proceso electoral. Será una prueba de fuego para el Tribunal Electoral, que se ufana de sostener una línea transparente y objetiva.

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