El lamentable legado de dos ex ministras

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Las ex ministras de Educación Marcela Paredes y Lucinda Molinar.

El lamentable legado de dos ex ministras

Por Alberto Velásquez
Periodista

Cuando despedíamos a la anterior ministra de Educación, la colega periodista, Lucinda Molinar, decíamos que había sido la única funcionaria ligada al sector educativo que impidió la circulación de un libro, y prohijó la invasión militar al heroico Instituto Nacional.

Molinar propició un atraso al sistema educativo. Además, fue sospechosa de participar en hechos de corrupción. Nada más fatal para el principal problema nacional que es la Educación.

Ahora se comprueba el secreto a voces, de que la ministra Marcela Paredes renunció a su alto cargo y fue premiada como embajadora de Panamá en la República de Chile.

¿Abandona sus responsabilidades voluntariamente o presionada por algún caso?, dejando una Educación en crisis, sin resolver el problema de las escuelas rancho, una administración cuestionada principalmente porque no le paga a tiempo a los profesores y, en fin, interminables asuntos sin resolver, pese a que se le considera una gran profesional en su campo.

Las deserciones escolares, el alto porcentaje de fracasos y de estudiantes embarazadas, estadísticas deficientes en el sector educativo y un gran descontento de los educadores, son hechos que no generan prestigio para llamar a Paredes embajadora.

Durante los últimos diez años y más, Panamá sufrió la baja calidad de la Educación Pública, dando pábulo al aumento de centros educativos particulares, encareciendo sustancialmente los presupuestos de miles de padres de familia que aspiran a una mejor formación de sus acudidos.

La ministra de Paredes deja un ministerio incompleto, planteles sin terminar, falta de laboratorios y promesas sin cumplir.

Es lamentable que sean precisamente dos damas las ex ministras de Educación quienes no dieron la talla en dirigir el sistema nacional de enseñanza, algo fundamental en el desarrollo humano.

Todo ello ocurre mientras que la población panameña exige a gritos una reforma educativa integral, que se aplique sin miedos.

No obstante, hay confianza en que un próximo gobierno empuñe acciones efectivas, con una fuerte dedicación, para darle al panameño la educación de calidad que se merece.

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