El error de llamar “error” a la invitación al Canal

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Afrodescendientes en la construcción del Canal de Panamá.

El error de llamar “error” a la invitación al Canal

Alberto S. Barrow N. | Director del Observatorio Panamá Afro “Dr. George Priestley”.

La exclusión y la discriminación por razones sociales, políticas, de género, étnicas y culturales, es un lastre pesado que arrastra la democracia a profundidades impensadas, coarta el desarrollo humano, limita la participación y ensombrece la armónica convivencia, es un malestar paradójico de un país construido con aportes que se basan en la diversidad.

Sus manifestaciones sociales y su construcción histórica están allí, solapadas en costumbres y usos culturales, algunos muy sutiles, otros tan oprobiosos y grotescos que no se pueden ocultar y afloran violentamente en la vida cotidiana sin una explicación racional aparente. Se esconden en los “errores”, se matizan con segundas intenciones, se encierran en el círculo de la exclusividad y el “derecho a reservarnos la admisión”. Hasta en la etiqueta del vestir que te cierra el paso.

Lo terrible puede ser que la exclusión y la discriminación, se aposentan como potestad, como poder que sostiene un grupo, sea el partido o un simple club social, se ejercita en el control político, en modelos coercitivos estatales y para-estatales. De esta manera, la resistencia y la oposición a ser discriminado y excluido genera reacciones de control social, hasta de carácter punitivas, cuando catalogarte como resentido o acomplejado no funciona.

Esto es parte de lo que ha puesto en evidencia el error de llamar “error” a una invitación formal del presidente, a quienes levantamos la voz y expresamos nuestra oposición a la discriminación y la exclusión. Alguien le llamó “error”.

La oportunidad de celebrar la apertura del Canal de Panamá, ampliado al tránsito de buques de mayor calado, que genere mayores oportunidades económicas al país, puede quedarse en el registro de un hecho histórico más, en la larga historia de la exclusión y discriminación, si no es aprovechada para avanzar también en una agenda social y cultural distinta, que sirva para proponer un modelo inclusivo de todas las gentes, en el contexto de la diversidad étnica y cultural del ser panameño. Por ello, para nosotros, lo que representa el error de llamar “error” a una invitación a celebrar el logro que nos pertenece, sirve para señalar la ruta equivocada para la construcción de la equidad y la igualdad.

La ocasión es válida para evidenciar cómo los hechos, no sólo las palabras, construyen la realidad. Es por eso que no basta declarar o decir que somos un crisol de razas, como eslogan publicitario o de campaña política. Hay que plantearse la necesidad de crear la institucionalidad que genere las políticas públicas para la cohesión, sin renunciar a nuestras diferencias.

Es por estas razones que, al margen de cualquier tipo de error, con invitación o sin invitación, celebraremos el logro histórico de todos los panameños, sin ningún tipo de distinción. Porque es el logro nuestro. Porque es una oportunidad para reivindicar el derecho a vivir en un país en el que todos hemos nacido iguales en dignidad y luchamos por ser tratados así, con dignidad.

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