¿Cuál es el prestigio de un reo y cuánto vale?

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Ricardo Martinelli detenido en el centro penitenciario El Renacer, en el sector de Gamboa.

Por Alberto Velásquez
Periodista

Como nuevo pretexto para distraer la atención pública, sobre su caso en proceso, Ricardo Martinelli, el reo de Gamboa ha instruido a sus abogados para que demanden judicialmente a los periodistas que lesionan su prestigio personal y de su familia.

Al respecto, hay que preguntar: ¿Qué prestigio pretende tener un sujeto a quien se le contabiliza más de un año de estar detrás de los barrotes de una celda? ¿Qué imagen pública puede ostentar una persona que, además de estar privada de libertad, ha sido acusada de haber dilapidado, derrochado, embaucado, desfalcado, a todo un país, principalmente a sus miles de seguidores?

Esposado de pies y manos, fotografiado y filmado para la prensa y la televisión, a fin de que no se escapara, es una condición que sólo sirve para perder prestigio y lesionar aún más una imagen transmitida en el ámbito nacional e internacional.

Definitivamente, el hecho de haber aparecido en las cámaras de televisión en Panamá como un mafioso involucrado en numerosos casos de corrupción, otorga al acusado y detenido en El Renacer cero prestigios personales.

Entonces, ¿para qué presentar una demanda sobre su reputación, si esta no vale nada, no existe, y da pena ajena? El crédito de una persona, como elemento vinculado a la percepción, es inmaterial y está sujeto a cambiar de posicionamiento.

Martinelli obtuvo una amplia mayoría de votos para convertirse presidente de la república del 2009 al 2014, pero el mal comportamiento desdice de la persona. Hoy, se le pone en duda y definitivamente tiene una imagen vergonzosa.

El reo de Gamboa, confinado a una celda, aunque la misma sea de oro, sólo envía a la población el mensaje de que es un individuo que está acusado de esquilmar a un país y que solamente la aprovechó para hacerse más millonario.

Los abogados defensores del ex presidente podrán interponer todas las demandas que se les ocurra, pero ya es demasiado tarde. El principio de libertad de expresión está muy bien consignado en los códigos y leyes, y no serán los individuos más desprestigiados del país quienes rescaten la imagen de un personaje corroída por su propio comportamiento.

Que no distraigan más a la opinión pública con planteamientos absurdos, como no permitir que se mencione tal o cual nombre, si al final de cuentas el prestigio que han transmitido a la sociedad es el más corrupto de nuestra historia.

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