Cecilio Simon y su generación combativa y constructiva

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Profesor Cecilio Simón, dirigente del Colectivo Bayano.

Por Ana María Pinilla V. – Periodista
Correo: anampinillav@gmail.com

Me ha tomado días escribir sobre la partida física de Cecilio Simon, buen amigo y compañero. Gracias a él, formé parte del proyecto Café Bayano, basado en la recuperación de la memoria histórica del torrijismo y de Panamá.

Con él, Elías López y yo logramos firmar un acuerdo cultural entre Bayano digital y el diario La Estrella de Panamá en el año 2016. De inmediato, comenzamos a hacer una serie de entrevistas de cara al 40 aniversario de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, de los derechos de la mujer y todo lo relacionado con historia, política y actualidad. En ese proyecto, entrevistamos a Luis Navas Pájaro, Leonor Calderón, Arístides Royo, Nils Castro, Adolfo Ahumada y Leonardo Kam, entre otros.

Cecilio era incansable, un hombre con convicciones claras, disciplinado, inteligente y alegre. Pero, a mis 36 años de edad, soy una convencida de que la vida de personas como Cecilio hay que celebrarla, hablar de ellas. Es necesario hablar sobre las causas que impulsaron sus acciones políticas y académicas.

Y es precisamente eso lo que me invita a escribir sobre Cecilio Simon y su generación combativa y constructiva. Combativa, porque luchó por la soberanía nacional, la justicia social y le tocó enfrentar al individualismo y la destrucción del tejido social que nos inmovilizó en los años 90 después de la Invasión de Estados Unidos en 1989. Y, constructiva, porque se apoderó de la herramienta del estudio, la palabra e hizo academia, logrando profesionalizar las instituciones para fortalecer la democracia y la calidad de vida de la sociedad.

Son logros que hay que custodiar y defender porque representan el desarrollo, la participación política y académica de una generación que, sin la bendición de los apellidos y el dinero, se organizó, se comprometió y construyó el País; a través de la militancia y el servicio público. Una generación hija de los migrantes de distintos países, de los afrodescendientes y del campo interiorano. Son hombres y mujeres que hicieron brillar a la aristocracia del talento.

Son tiempos de muchas despedidas, en especial de personas que fueron maestros y amigos. En mi caso, Cecilio cumplía con las dos tareas. Ahora, me pregunto, si nuestra generación será capaz de tener la mitad de la valentía de Cecilio y los suyos en estos tiempos vacíos de liderazgos, en los que el dinero compra consciencias y espacios políticos. Es nuestra responsabilidad trabajar para tener la capacidad de organización y ejecución de las tareas importantes de nuestro tiempo. Tomar el ejemplo, hacer árbol con la raíz y construir una democracia participativa con ética, solidaridad, diálogo entre propios y adversarios, a través de la política basada en ideas y programa.

Es urgente derrotar al clientelismo, a los enemigos del conocimiento y a quienes se oponen a la reflexión, la crítica edificante y la formación política. ¿Seremos capaces de honrar nuestra historia y no atentar contra nuestro futuro? El tiempo lo dirá. Por el momento, a Cecilio y a los hombres y mujeres de su generación, de todo corazón, les digo: ¡Muchas gracias!

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