EL CENTROAMERICANISMO EN RUBÉN DARÍO

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    Alejandro Bravo en la Academia Panameña de la Lengua

    Por Alejandro Bravo
    Escritor, docente y jurista nicaragüense

    Conferencia Magistral de Alejandro Bravo en la Academia Panameña de la Lengua, en la conmemoración del 153 aniversario del natalicio del poeta Rubén Darío, organizada el 29 de enero de 2020 por la Embajada de Nicaragua en Panamá.

    Rubén Darío

    En Nicaragua desde muy niños somos introducidos en el culto nacional a la figura y la obra de Rubén Darío. En los preescolares aprendemos a recitar Del Trópico, crecemos con Sonatina y Margarita, nos bachilleramos con Marcha Triunfal y es, hasta en la Universidad que tenemos idea de la grandiosidad de la obra dariana y el inmenso aporte que hizo a la lengua española, renovando la poesía y la prosa, dando música a la palabra.

    Los nicaragüenses crecemos con la idea que Darío es el más grande poeta de la lengua española y que es nuestro, muy nuestro. Cuando nos asomamos a la “dramática vida de Rubén Darío” para llamarla con palabras de Don Edelberto Torres Rivas, nos damos cuenta que hay un Rubén argentino, que se sostuvo en la vida por su corresponsalía del Diario La Nación y que dedicara a ese país su obra maestra Marcha Triunfal, y el Canto a la Argentina fue el más largo poema que escribiera.

    Un Darío chileno, que brilló en los salones literarios de Santiago como la estrella de la bandera de esa nación y dedicara su cuento El Fardo a los estibadores de Valparaíso que lo despidieron con un banquete en los muelles de esa ciudad cuando dejó esa tierra austral; un poeta que  amaba “más la Grecia de Francia que la Grecia de los Griegos”.

    Hay una faceta guatemalteca en la vida de Darío que llegó a considerar este país un remanso de paz, donde florecieron amistades importantes para su formación literaria, como Máximo Soto Hall, en Guatemala vio publicada su segunda edición de Azul y fue colaborador de El Diario de Centroamérica.

    Un Rubén salvadoreño, en ese solar de Centroamérica le distinguió Francisco Gavidia con su amistad y allí contrajo matrimonio civil, siendo la capilla de la catedral de Guatemala el escenario de su boda religiosa.

    Hay un Rubén Darío tico que colabora en La Prensa Libre y en el Heraldo de Costa Rica, que hace un himno en prosa a Juan Santamaría, el héroe costarricense de la Guerra Nacional Anti-filibustera.

    Finalmente encontramos un Darío español que se codea con los autores de la Generación del 98 y de quien dijera Valle-Inclán al darse cuenta de su muerte: y ahora ¿a quién leeré mi última novela?

    Rubén fue pues hombre de muchas patrias. Pero solo una Patria soñada en sus versos. Esa es la Patria Centroamericana. El unionismo era connatural a las ideas liberales de fines del siglo XIX y Rubén había crecido en León en un hogar y una familia que profesaba esas ideas. En la casa de la Calle Real del Coronel Félix Rodríguez Madregil y de Doña Bernarda Sarmiento.

    Señala el historiador Francisco Ortega Arancibia que en el sitio de León por los conservadores nicaragüenses de Granada y los pericos salvadoreños en 1844 para derrocar al legítimo gobierno liberal. El origen de esta guerra era la confabulación de los conservadores de Guatemala y El Salvador para terminar con la Confederación Centroamericana, creada por el Pacto de Chinandega para reconstruir la nacionalidad regional.

    “La casa en que había esta tertulia, no sólo servía de recreo, sino también de centro político. La dueña era señora de talento y estaba en contacto con el pueblo y con las personas del mundo político”. Nos dice Ortega Arancibia. (1974: pp.78)

    En esa casa el poeta-niño fue sentado en las piernas de su padrino de bautismo, Máximo Jerez, el fundador del liberalismo nicaragüense y en esa casa vivía cuando le fue aprobada  una beca para ir a estudiar a Europa, por el Congreso de Nicaragua, dominado por los conservadores, la que quedó sin efecto según cuenta el mismo Rubén en su Autobiografía.

    Presentaron los diputados amigos una moción al Congreso para que yo fuese enviado a Europa a educarme por cuenta de la nación. El decreto, con algunas enmiendas, fué sometido a la aprobación del presidente. En esos días se dió una fiesta en el palacio presidencial, a la cual fuí invitado, como un número curioso, para alegrar con mis versos los oídos de los asistentes. Llegó y, tras las músicas de la banda militar, se me pide que recite. Extraje de mi bolsillo una larga serie de décimas, todas ellas rojas de radicalismo antireligioso, detonantes, posiblemente ateas, y que causaron un efecto de todos los diablos. Al concluir, entre escasos aplausos de mis amigos, oí los murmullos de los graves senadores, y vi moverse desoladamente la cabeza del presidente Chamorro. Este me llamó, y, poniéndome la mano en un hombro, me dijo, más o menos: —«Hijo mío, si así escribes ahora contra la religión de tus padres y de tu patria, ¿qué será si te vas a Europa a aprender cosas peores?» Y así, la disposición del Congreso no fué cumplida..(N.A: pp.13).

    Es en El Salvador donde bullen las ideas unionistas, Darío viaja allá en 1889 y es nombrado director del recién fundado diario La Unión. Lo cuenta él mismo en su Autobiografía:

    Una vez llegado a la capital salvadoreña busqué algunas de mis antiguas amistades, y una de ellas me presentó al general Francisco Menéndez, entonces presidente de la República. A los pocos días me mandó llamar y me dijo:

    «¿Quiere usted hacerse cargo de la dirección de un diario que sostenga los principios de la Unión?». —«Desde luego, señor presidente», le conteste—. «Está bien», me dijo, «daré orden para que en seguida se arregle todo lo necesario». En efecto, no pasó mucho sin que yo estuviera a la cabeza de un diario, órgano de los unionistas centroamericanos y que, naturalmente, se titulaba «La Unión». (pp.87)

    Carlos Tunnermann en el ensayo EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE RUBÉN DARÍO apunta:

    Rubén fue un convencido unionista. Centroamérica fue siempre su Patria Grande y a ella dedicó poemas inspirados en un profundo sentimiento centroamericanista, sentimiento que se manifestó desde sus primeros versos juveniles y le acompañó a lo largo de su vida. Así, en 1885, a los 18 años, Rubén exclama, en su poema “Unión Centroamericana” (1885), dedicado al Presidente de Guatemala Gral. Justo Rufino Barrios:

    «¡Centroamérica espera que le den su guirnalda y su bandera! ¡Centroamérica grita que le duelen sus miembros arrancados, y aguarda con ardor la hora bendita de verlos recobrados!»…

    Más adelante el mismo autor señala: En 1889, al enunciar los propósitos del diario “La Unión”, que él dirigía, Rubén escribe:

    “Venimos a ser trabajadores por el bien de la patria; venimos, de buena fe, a poner nuestras ideas al servicio de la gran causa nuestra, de la unidad de la América Central”. Para Darío, los “separatistas” eran “una raza de Caínes”. (2008:pág.7)

    A esa etapa de la vida del poeta la llama su biógrafo Edelberto Torres-Rivas “periodista de la Unión Centroamericana”. Tiene 23 años cuando escribe el “Canto a la Unión Centroamericana”, el que fue leído el 20 de octubre de 1889 en el banquete que el Presidente Salvadoreño Menéndez ofreció a los plenipotenciarios de Centroamérica que realizaron trabajos para reconstruir la Patria Grande y que fuera publicado el 10 de enero de 1890 y cuyas palabras tienen hoy en día una gran actualidad.

    Unión, para que cesen las tempestades
    para que venga el tiempo de las verdades;
    para que en paz, coloquen los vencedores
    sus espadas brillantes sobre las flores;
    para que todos seamos francos amigos;
    y florezcan sus oros los rubios trigos;
    que entonces, de los altos espíritus en pos,
    será como arco iris la voluntad de dios.

    El poeta escribió en el Diario La Unión con motivo de la celebración y firma el 15 de septiembre de 1889 del “Pacto de Unión Centroamericana”.

    Queremos ver brillar la nueva aurora y esfumarse las fronteras el día de la gloriosa fiesta triunfal. Que cada cual ponga su contingente; que la Asociación, la iniciativa individual, la Prensa, hagan su labor. Que vuestro pensamiento ¡oh Morazán!, ¡oh Barrios!, ¡oh Cabañas!, ¡oh Jerez!, sea una explosión de luz en la noche de nuestras divisiones. Haya franqueza; haya fraternidad. No más discusiones y pequeñas rencillas: brille la paz serena. Así llenos los campos de espinas, vendrá el olvido de la sangre y de las fatales guerras.

    Es en El Salvador donde Darío conoce a Francisco Gavidia, quien lo introduce en la literatura francesa y según Rubén. de la lectura mutua de los alejandrinos del gran francés, que Gavidia, el primero seguramente, ensayara en castellano a la manera francesa, surgió en mí la idea de renovación métrica, que debía ampliar y realizar más tarde. (p.88)

    Es en El Salvador donde se enamora y se casa el 21 de junio de 1890 con la escritora Rafaela Contreras, de origen hondureño quien publicaba cuentos en el Diario La Unión con el seudónimo Stella.

    La vida de Darío en El Salvador, de recién casado, de periodista que estaba sirviendo a los ideales con su pluma, de admirado poeta, salta en pedazos por el golpe de estado que arteramente propina el General Carlos Ezeta al protector del poeta, el presidente Ricardo Menéndez, quien perece en la refriega. Darío viaja a Guatemala donde encuentra refugio, trabajo y se reúne con su esposa poniendo fin a esa etapa de “periodista de la Unión Centroamericana”.

    Darío pasa a ser el poeta de la América Hispana entera. Del escrito del académico de la lengua nicaragüense Tunnermann podemos señalar que son 3 los elementos que caracterizan al Darío de esta etapa de profeta del hispanoamericanismo:

    1. El reconocimiento del aporte indígena a nuestra cultura. Menciona el estudioso los poemas Caupolicán, Tutecotzimí el ensayo “Estética de los primitivos nicaragüenses y agrego el recientemente descubierto Huitzilopoch-tli.
    2. La reivindicación de lo hispano, que aporta a nuestra cultura la lengua, cuya musicalidad transformara Darío.
    3. La defensa de nuestra cultura e identidad frente al naciente y agresivo imperialismo norteamericano expresado en la Oda dedicada al primer Roosevelt, Los Cisnes I.

    Volviendo al Centroamericanismo en Darío, en la obra Escritos Políticos de Rubén Darío, los responsables de la selección, notas y estudio introductorio Jorge Eduardo Arellano y Pablo Kraudy, citan al argentino Alberto Ghiraldo quien en su Crónica Política se refiere al texto dariano Historia Negra: destacó (Ghiraldo) el liberalismo de su autor, su amor a la independencia ya la libertad, su campaña en pro de la unión centroamericana..(2010: pág.8).

    En esta época Darío usa los escritos periodísticos y la poesía para ser el abanderado de la unión centroamericana. En prosa destaca lo positivo que sería para los pueblos de Centroamérica alcanzar de nuevo la Unión perdida en días aciagos, en poesía exalta a los próceres que dieron lo mejor de sí por ese ideal de la Unión, a Morazán el gran unionista cuya gesta es venerada por Centroamérica toda, al hondureño José Cecilio del Valle, autor del Acta de Independencia de Centroamérica y  al guatemalteco José Francisco Barrundia, escritor y presidente de la República Federal de Centroamérica, al salvadoreño Gerardo Barrios, alumno y heredero político de Morazán, al nicaragüense Máximo Jerez, su padrino y decidido unionista. El poema a la Unión Centroamericana está dedicado al guatemalteco y paladín unionista Justo Rufino Barrios.

    Ya al final de su vida, enfermo y abatido, ese humanista fue el poeta, ante la inminencia del estallido de la I Guerra Mundial llamó a los seres humanos a buscar la paz con su poema PAX. Dos fragmentos de ese largo poema voy a leer que parecen escritos para hoy.

    Se grita: ¡Guerra Santa!
    Acercando el puñal a la garganta
    O sacando la espada de la vaina:…..

    ¡Oh, pueblos nuestros ¡ ¡ Oh pueblos nuestros ¡ Juntaos
    En la esperanza y en el trabajo y la paz.
    No busquéis las tinieblas, no persigáis el caos,
    Y no reguéis con sangre nuestra tierra feraz.

    Por ese trabajo incansable por la unidad de Centroamérica, por el rescate y defensa de nuestra cultura hispanoamericana, ahora que nos acercamos al Bicentenario de la Independencia de cinco de los estados del Sistema de la Integración Centroamericana, Rubén Darío debiera ser reconocido y declarado como Prócer de la Unidad Centroamericana.

    BIBLIOGRAFÍA

     Arellano, J. Kraudy, P., (2010), Escritos Políticos de Rubén Darío. Selección, notas e Introducción, Managua: Banco Central de Nicaragua. Recuperado de file:///C:/Users/pueta/Downloads/281685015-Ruben-Dario-Escritos-Politicos.pdf

    Darío,  R.,  (N.A.), Autobiografía. Freeditorial. Recuperado de file:///C:/Users/pueta/Downloads/autobiograf%C3%ADa.pdf

    Ortega Arancibia, F., (1974), Cuarenta Años de Historia de Nicaragua. Colección Cultural Banco de América. Managua. Recuperado de https://www.enriquebolanos.org/libro/Cuarenta-A%C3%B1os-(1838-%E2%80%93-1878)-de-Historia-de-Nicaragua-Francisco-Ortega-Arancibia

    Tunnermann Bernheim, C., (2008) El pensamiento político de Rubén Darío, Managua: UPOLI,  Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20100709040155/C4.pdf

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